PASADO, PRESENTE  Y  FUTURO  DE  LOS SISTEMAS AGROSOCIALES

 

 

 

La emigración rural de la gente jóven, es un  fenómeno que se repite  desde hace varias décadas en el campo argentino. Esto se debe  fundamentalmente a causas educativas y de escasa valorización  del sector por parte de la sociedad.  El éxodo rural es un  factor a tener en cuenta en la sustentabilidad de los sistemas agrarios.

 

Revisando las estadísticas sobre la emigración del sector agropecuario hacia los centros más poblados,  llama poderosamente la atención que la misma se dio en todos los momentos  históricos, en mayor o menor medida, incrementándose durante los últimos años. Tomando esta aseveración como base de análisis, debemos suponer que dicho proceso no es consecuencia  de  las políticas de los gobiernos actuantes, ni  de  las fluctuaciones de los precios de la producción ;  no reviste tampoco fundamental importancia la mejor calidad de vida, otorgada por el acceso a bienes y servicios de los centros urbanos y no son determinantes las inexistentes mejores posibilidades de ingresos en las actividades de los centros poblados, ni alguno de los motivos enumerados en una   larga e interminable lista de probables causas  del éxodo de la familia agropecuaria.

Mucho se dijo y se dice sobre los motivos, causas o razones, de este lento pero incesante proceso de traslado y abandono de la actividad.  Son abundantes y diferentes los trabajos de investigación realizados hasta el momento, todos ellos con hipótesis válidas, cuyos resultados son expuestos y divulgados en diferentes medios y de diferentes maneras.

En el trato diario con productores agropecuarios, y desde la óptica del extensionista rural, profesional que comparte con los productores su realidad cotidiana,  se concluye que  este fenómeno social y sus causas, confluyen en una razón fundamental : LA FALTA DE CONTENCIÓN EDUCATIVA.

La  falta de educación acorde a las necesidades del productor, produce un desorden de pensamiento y una vulnerabilidad constante, frente a los inconvenientes propios de esta  actividad.

Este síntoma endémico dentro de la población rural, se ve potenciado por el trato discriminatorio y minimizante de los organismos gubernamentales, de las ONGs del sector  y de las comunidades urbanas. Los primeros hacen caso omiso de las falencias del sistema educativo rural y los planes educativos que implementan distan mucho de preparar personas idóneas  para desempeñarse con eficacia en el medio donde deben desarrollar sus actividades. Los segundos desarrollan actividades dirigidas  a grupos minoritarios que se transforman en élites autistas. Por último, las comunidades urbanas, utilizan un trato muchas veces peyorativo hacia el residente en áreas rurales, sin una valoración real de la importancia que reviste la actividad que estas personas desarrollan a favor del engranaje productivo. El desprestigio que hoy tiene el ejercicio de la actividad agropecuaria, atenta contra la valoración de la misma, provocando una renuencia natural y lógica en el productor y su familia, llegando en algunos casos a la disgregación de la misma.

La falta de interés real de los sectores supuestamente comprometidos con esta problemática se enmascara en la constante formación de comisiones de estudios de la problemática rural, en donde el tema central, la educación, se menciona de manera tenue y casi por compromiso, llegando a conclusiones utópicas e irrealizables.

Luego de este diagnóstico, coincidente con otros ya elaborados, la búsqueda de una solución estable y perdurable en el tiempo a esta situación  debe  originarse en el conocimiento del pensamiento y de la idiosincracia del productor y del empleado rural.

Desde la  óptica del  profesional extensionista que es quien quizás  comprende y comparte con el residente en áreas rurales sus inquietudes y expectativas, surge como idea fundamental para comenzar a  solucionar paulatinamente  esta  problemática, la transformación de las escuelas rurales y la creación de nuevos establecimientos, pero con un origen y sentido diferente, que no debe  ser gubernamental, ni de OGNs del sector, dado que  esas soluciones han resultado  infructuosas. El origen de las mismas debe proceder de  los propios productores que con su aporte económico, asesoramiento y trabajo, pueden desarrollar  sistemas educativos locales o regionales, haciendo hincapié en aquellos temas que se relacionan con el quehacer rural en todos sus aspectos y solicitar a los organismos oficiales o ONGs agropecuarias los lineamientos generales referidos a ordenamientos lectivos o pedagógicos.

Sería promisorio y gratificante que los medios de comunicación masivos, los ONGs y los entes oficiales, acentúen la divulgación del accionar productivo y los resultados obtenidos, por productores medianos y pequeños, pero grandes de mente, que diaria y humildemente avanzan, mejorando su productividad, su renta y su calidad de vida, conjugando su experiencia personal con la innovación tecnológica insertada mediante el asesoramiento del profesional extensionista.

El objetivo es reivindicar la imagen del trabajador agrario ante la sociedad y fundamentalmente ante sus hijos, los cuales verían con mejores ojos la posibilidad cierta de continuar con la tradición familiar,y asumirían con entusiasmo y con la capacitación adecuada  su rol de "productor agropecuario".

Ing. Agr. Hugo A. Ferlini Micheli

Especialista en Extensión Rural

hferlini@hotmail.com

 

Prof. Shirley C. Díaz

Area de Comunicación

shirley@arnet.com.ar