UNIVERSIDAD DE PINAR DEL RIO

FACULTAD DE FORESTAL Y AGRONOMIA

 

MONOGRAFÍA DE RIEGO EN EL CULTIVO DEL TABACO

 

Autores: MSc. Ing.  Ricardo Cruz Lazo *.

Email: ricardo@af.upr.edu.cu

Ing. Luis E. León Sánchez.*

Email: leon@af.upr.edu.cu

MSc. Ing. Rene Hernández Gonzalo.*

Email :reneh@af.upr.edu.cu

* Profesores Asistentes  Universidad de Pinar del Río. Cuba.

 

INTRODUCCIÓN

 

Se realizó una revisión bibliográfica sobre diferentes aspectos relacionados con el riego en el cultivo del Tabaco tales como: evapotranspiración, periodos críticos de exigencias hídricas, coeficientes bioclimáticos de evapotranspiración, métodos para determinar el momento de riego, normas parciales y totales así como  los intervalos  entre riegos. También se incluyen los métodos y técnicas de riego utilizadas y su influencia en el rendimiento y calidad de la cosecha del Tabaco.

Todas las citas bibliográficas consultadas están contenidas en revistas científicas, libros y folletos nacionales e internacionales, donde se destacan las investigaciones realizadas por el Instituto de Investigaciones de riego y Drenaje, así como del Instituto de Investigaciones del tabaco y resultados de investigaciones del autor.

Se encontró que el cultivo del tabaco se riega fundamentalmente por surcos y por aspersión y en estos últimos tiempos a cobrado alta vigencia la novedosa técnica de riego por goteo con resultados altamente satisfactorios tanto en rendimiento como en calidad en el tabaco negro tapado. Esta planta no requiere de altos volúmenes da agua, pero un déficit o exceso de agua afecta el rendimiento y el valor de la producción. Es por ello que la aplicación de un régimen de riego óptimo, incrementa los rendimientos y mejora la calidad del producto.

 

Importancia económica del cultivo del tabaco

El tabaco ocupa una posición sin paralelo entre las plantas de cultivo, con relación a algunos aspectos individuales, mientras que, en términos generales, esta planta ha logrado una situación realmente notable. Sus puntos más sobresalientes según Akehurst (1973) son los siguientes:

- Es una de las poquísimas cosechas que llegan al mercado mundial totalmente en forma de hojas.

- En muchos países es un importante instrumento en la política financiera y económica.

- Como narcótico formador de hábitos, es objeto de constantes ataques encaminados a moderar o interrumpir su uso, pese a lo cual, su consumo se ha mantenido, incluso incrementado.

Por otra parte, apuntó que el tabaco es un producto de gran intercambio comercial y que la cuarta parte del que se produce en el mundo, está sujeto a transacciones entre diferentes países.

La producción mundial de tabaco, de acuerdo a las estadísticas de la F.A.O.       (1997)  indica  que los  países  de  mayor producción   fueron  China                (3 210 000 T), Estados Unidos (688 000 T),  India (563 000 T), Zimbabwe    (215 000 T) e Italia  (104 000 T). Sitúa este anuario como los países de mayor rendimiento a Francia (2 984 kg/ha), Canadá (2 706 kg/ha), Japón                   (2 605 kg/ha),  Oceanía  (2 358 kg/ha), Estados Unidos (2 321 kg./ha), Zimbabwe (2 188  kg/ha), Italia  (2 000  kg./ha), Brasil (1 867 kg./ha) y China     (1 729 kg./ha).

 La fuente citada plantea que Cuba produjo 33 000 toneladas y alcanzó un rendimiento de 871 kg/ha, indicador que la sitúa dentro de los más bajos rendimientos del mundo.

En los Lineamientos Económicos del Tercer  Congreso del Partido Comunista de Cuba (Cuba, 1986) se refirió a la necesidad de aumentar los volúmenes y la calidad del tabaco entregado a la industria, de modo que se satisfagan las necesidades de esta, crear reservas para  asegurar la estabilidad del mercado externo y garantizar los programas científicos en la producción tabacalera.

 La calidad de nuestro tabaco en rama permite alcanzar en el mercado internacional un precio promedio de 2 500 dólares por tonelada, lo que representa un ingreso de 21.5 millones de dólares anuales por este concepto. Sin embargo, la mayor entrada de divisas recae sobre la comercialización de los tabacos torcidos. A partir de 1996 se diseñaron tres nuevas marcas de tabaco torcido, respaldadas con un sólido criterio de calidad, ellas son “Cuaba”, “Vegas Robaina” y “Trinidad”, las que unidas a las tradicionales y a la insigne “Cohiba” brindan al cliente una gama de productos en diferentes formatos, envases y precios. En 1998 se comercializaron más de 140 millones de unidades, lo que ofreció un beneficio aproximado de 240 millones de dólares. (Cuba, 1999).

 

Exigencias hídricas del cultivo del tabaco.

El  tabaco pertenece a la familia Solanácea, género Nicotiana  el cual  comprende  tres subgrupos y catorce secciones de mas  de  65 especies  entre  los cuales se destacan: Nicotiana Rústica  y  la Nicotiana  Tabacum,  siendo                                   esta a la que  pertenecen  todas  las variedades de tabaco cultivadas en Cuba y la gran mayoría de  las cultivadas en otras partes del mundo (Espino, 1982).

Las condiciones climáticas y de suelo tienen un marcado efecto en el rendimiento y calidad del tabaco tal como lo señalan Shafer et al, (1961) y Matsujama et al, (1983). Estos autores coinciden  en señalar que los rendimientos y la calidad de la hoja de tabaco se encuentran íntimamente relacionados con la variedad, las  condiciones  climáticas y de suelo, labores y atenciones culturales  y técnicas  empleadas para el curado y fermentación de la hoja.  En algunos países las condiciones de clima y suelo son  consideradas como factores limitantes del rendimiento del tabaco, así  tenemos que  Shesgairi, (1967) plantea que dichas condiciones limitan  el cultivo  del tabaco en la India, mientras que Roman, (1978), las señala para las condiciones de Polonia.

Las  condiciones de clima, suelo y variedad hace que tengamos  en Cuba diversas zonas tabacaleras con características específicas a nuestro mercado, tanto interno como externo. De lo  anteriormente expuesto se deduce que en cada caso debemos observar políticas de riego  diferentes  con  vistas a satisfacer  las  exigencias  del cultivo y de la industria (Juan, 1982).

Llanos, (1969) demostró que las hojas se producen más finas y  con menos nerviaciones cuanto mayor es la humedad relativa, en  cuanto a  la temperatura encontró que la óptima para el crecimiento  del tabaco es entre 20 y 27 °C y por debajo de 15 °C el desarrollo es lento.

El  agua constituye uno de los factores imprescindibles  para  el desarrollo  de  una  agricultura con un alto  nivel  técnico.  En aquellas  regiones  donde  el humedecimiento  natural  del  suelo resulta irregular en el año, la aplicación artificial del agua  a los cultivos contribuye a asegurar las cosechas e incrementar los rendimientos. 

El  agua constituye un factor limitante en la obtención de  altos rendimientos, por lo que su aplicación controlada puede determinar  el  nivel de producción a alcanzar.  Se  puede  afirmar  que entre  los factores  agrotécnicos, el riego contribuye de  forma decisiva al logro de altos rendimientos siempre que la  agrotecnia utilizada esté en correspondencia con éste. Al cultivo del tabaco no se le aplican grandes volúmenes de agua, siendo muy sensible a la falta de ésta, y su exceso le  es perjudicial en cuanto a los rendimientos y a la calidad.

Muchos  autores  de  diversos países productores  de  tabaco  han realizado  estudios  del  régimen de riego en  semilleros   y  en plantación.  Generalmente plantean que en los semilleros la  etapa más crítica es la que corresponde a los primeros 15 días  posteriores  a la siembra, en esta etapa deben efectuarse riegos  diarios con dosis pequeñas, pues la superficie del suelo debe estar  lo suficientemente húmeda para lograr una buena  germinación de las semillas       ( Guzmán, 1983).

El manejo del agua en semilleros es un elemento determinado en la obtención de posturas de calidad, por lo que en áreas dedicadas a éstas, debe existir una adecuada armonía entre una correcta utilización del riego y una relación adecuada entre los diferentes factores ambientales y fitotécnicos.

Akehurst,( 1973) plantea que los semilleros lleva  mayor frecuencia de riegos en las fases iniciales de éste, siendo los mismos más espaciados en la medida en que las posturas de tabaco se acercan al periodo de cosecha, y que un buen manejo del agua evitará un exceso de humedad y la proliferación de enfermedades fungosas, por lo que es necesario tener presente factores tales como: fase del semillero, tipo de suelo, topografía, ubicación del semillero y

condiciones climáticas.

  Juan, (1981) plantea que durante la fase  de  semillero  deben darse dos riegos ligeros por día, uno a media mañana y el otro  a media  tarde. Sin embargo Donev y Fetvadgiev, (1983) plantean  que regar  una  sola vez al día es suficiente porque  los  resultados obtenidos  son superiores que al hacerlo dos veces con  la  misma norma y además se reduce la fuerza de trabajo utilizada.

Durante la segunda y tercera fase del semillero, regar a intervalos  es  preferible  a los riegos diarios, pues  se  estimula  el desarrollo de las raíces    (Histier y Gisquet,1961).

Los  semilleros según Akehurst,(1973)  deben  regarse ligeramente una horas antes del arranque de las plántulas a fin de lograr que el sistema radical de las plantas se afecte lo menos posible.

En  la  fase de plantación el tabaco no requiere  mucha  agua  y cuando  se  le suministre se hará como una  verdadera  necesidad, pues  la  experiencia  ha demostrado que es  preferible  que  las plantas estén un poco faltas de agua a que crezcan con  extremada lozanía por haber sido regadas excesivamente. En esto se requiere una  adecuada  programación del riego,  pues  muy frecuentemente dañan  el  cultivo;  también cuando ocurre un  déficit  de  agua

durante  la mitad del ciclo vegetativo, se reduce  el  desarrollo vegetativo, las hojas son más pequeñas y disminuyen los requerimientos de agua del cultivo en su fase final (Todoroski, 1975).

Tradicionalmente el hombre a luchado y lucha aún, por obtener  de cada campo de cultivo el máximo de rendimiento posible y en  este sentido ha encaminado todos sus esfuerzos y recursos materiales.

Experimentos agrícolas han demostrado que la humedad que posee el suelo  durante  las  primeras fases de su  desarrollo  tiene  una influencia  importante en la calidad y rendimiento de la  cosecha (Pacheco, 1984).

Por  ejemplo  muchos investigadores informan  sobre  los  efectos beneficiosos  de  la irrigación o lluvia sobre el  rendimiento  y características físicas y químicas del tabaco.

Trabajos  realizados  por Vodoloroski, Bikov  y  Sautich, (1957); Zlatev, (1970); Todoroski,(1975) y Kelly,(1977); Doorembos, (1978) y Kassan, (1979), plantean que con un buen manejo del agua de riego se obtienen altas y estables cosechas.

El  número  de riegos que se aplican depende de  muchos  factores tales  como: año climático, variedad, tipo de suelo,  forma  de cosecha,  época de trasplante, técnica de riego utilizada, etc.  y oscila  normalmente en las diferentes zonas tabacaleras  de  Cuba entre 5 y 8 riegos.

En  trabajos realizados por Zlatev, (1978) indica que el riego  es una importante  medida fitotécnica en el tabaco, por lo  que  no regar  en  el  momento  oportuno  es  una  causa  de  los  bajos rendimientos.

 Por  otra parte Gerveb,(1972) expresa  que  mantener una  humedad óptima en el suelo en estaciones en que  hay  sequía, incrementa los rendimientos del tabaco en un 50 - 60 % en comparación  con plantas no irrigadas y que en estaciones  húmedas  el efecto  del riego sobre las cosechas baja considerablemente.

  Las experiencias  de  Shaumarski,  (1973) indican que  en  el  tabaco oriental el riego incrementa las cosechas en un 13 - 45 %.  Ayers y  Spencer,  (1970) indican que manteniendo un  nivel  óptimo  de humedad  en el suelo para la cosecha en todas sus fases  no  solo aumentará el rendimiento, sino también el porcentaje de productos  agrícolas de alta calidad, se mantiene el vigor y la salud de las plantas y con mayor resistencia a plagas y enfermedades.

Los  resultados de Leonov  et al, (1968) indican que  para  obtener tabaco  de alta calidad, el régimen de riego debe ser  determinado teniendo  en  cuenta  la capacidad de absorción  del  suelo,  el crecimiento y desarrollo de las plantas ya que una humedad  mayor aumenta  el  tiempo  de crecimiento de las hojas,  se  atrasa  la maduración,  se acumulan menor contenido de cuerpos de  valor,  se degrada la calidad y produce menor contenido de hojas oscuras.

Pérez, (1946) señala que en el cultivo del tabaco bajo tela es necesario aumentar el número de riegos con el objetivo de que las capas que se cosechen sean  claras, finas,  ligeras y puedan satisfacer las exigencias del mercado. Para los suelos sueltos resulta perjudicial demorar el  primer riego, pues afecta el crecimiento del tabaco, y en las zonas donde los suelos son muy permeables y secantes, se aplicarán riegos frecuentes, generalmente cada 8 ó diez días.

Se plantea por Chouteau, (1984) que los riegos que se practican en los veranos secos permiten obtener un aumento en los rendimientos de  un 30 - 40 %, esta tendencia se acentúa en las  hojas  altas (aumento de un 50 %), los riegos influyen en las características físicas  del  tabaco  fermentado, con hojas  más  grandes,  menos densas  y  de color mas claro y menos verdosas. El efecto  de  la composición  química fue relativamente débil y en la  mayoría  de los casos el riego por aspersión bajó los contenidos de alcaloides y nitrógeno total.

En  años  muy  secos la irrigación aumenta su  valor  unitario  y total,  los rendimientos motivados por el riego fueron del 175  % al  ser comparados con las áreas no regadas. La respuesta  de  la irrigación depende del estado de la sequía ya que el  agotamiento de los niveles de humedad del suelo pudiera afectar el desarrollo potencial total de la cosecha.

Miles, (1957)  encontró  que el tabaco irrigado  dio  un  aumento significativo en producto, precio por quintal y valor  sobre  el tabaco no irrigado.

Cuando  el nivel de humedad en el suelo es óptimo (100 - 50 %  de la capacidad de campo) cerca del sistema radical, el  crecimiento y  desarrollo de la planta es óptimo. Pistarius, (1969)  plantea que el regadío no es aconsejable en el periodo en que las plantas se  están  restableciendo  y que siempre es  necesario  para  el crecimiento  y  para  lograr altos rendimientos y  decide  en  la calidad.  Concluye  afirmando que la irrigación  debe  comenzarse cuando se haya consumido alrededor del 50 % de la humedad disponible.

El  riego  excesivo provoca una disminución en el  rendimiento  y acelera  la maduración así como aumenta el contenido de azúcar, potasio, eleva la alcalinidad de la ceniza, disminuye el contenido de nitrógeno, de nicotina y de cloro (Miles, 1965 y Krishnamurthy et al, 1991).

Según  investigaciones realizadas por Mora, (1965)  encontró  que con excesivas aplicaciones de agua (13 riegos con un total de 585 mm) se obtiene un aumento de la materia verde pero no en el  peso de tabaco seco, y con 6 riegos se han obtenido muy buenos resultados.

Según Baulev, (1966) citado por Iordanov, (1969) recomiendan de  2 -  3 riegos para el tabaco negro y aplicarlos desde la  formación de los botones hasta el principio de la floración.

Juan,(1976)  elaboró recomendaciones para el riego  del  tabaco Virginia,  señalando  que  la norma de riego para  este  tipo  de tabaco oscilaba entre 110 hasta 254 metros cúbicos por hectárea y que el número de riegos oscilaba normalmente de 6 a 8. Miles,(1965) señala que el tabaco tipo Virginia,  respondió  al riego con  un aumento significativo del rendimiento y valor de  la producción, en comparación con el tabaco no irrigado.

Por  ejemplo,  experimentos concluidos por Zlatev, (1978)  en  las condiciones de Bulgaria señalan que el número de riegos a aplicar en el tabaco depende del régimen de las lluvias, recomendando un nivel de la humedad del suelo para el tabaco tipo Virginia del 80 - 60 % de la capacidad de campo.

Se  acepta  que  cuando a un cultivo determinado  se  le  aplica durante el ciclo vegetativo una cantidad de agua que coincida con  las necesidades biológicas de la especie y variedad, debe  obtenerse un  rendimiento máximo  si los demás factores que  inciden  en  la obtención  del  mismo no resultan limitantes.  Cuando  el  regadío cumpla  con esta condición se dice que se ha aplicado un  régimen de riego biológicamente adecuado (Pacheco, 1984).

Se  plantea  por Carorenuto, (1981) que las  exigencias  hídricas  del tabaco representa una problemática bastante amplia y  siempre actual, por lo que el tabaco mantiene su potencialidad productiva por efecto del agua, si la humedad es mantenida constantemente en un nivel superior al 50 % del agua útil, y que una humedad inferior, causa en la planta problemas en su desarrollo a consecuencia  de los síntomas del estrés hídrico, a su vez, el periodo  de máximo requerimiento de agua del tabaco se encuentra entre los 50 - 70 días después del trasplante.

Un déficit agudo durante el periodo de crecimiento afecta el peso de las hojas y su composición química y un déficit de agua ligero en la maduración es deseable.

Según  Agens et al, (1970) manteniendo un nivel  satisfactorio  de humedad en el suelo para la cosecha en todas sus fases, no solamente  aumentará  el rendimiento sino también  el  porcentaje  de productos  agrícolas de alta calidad; además, la planta  es  más resistente a plagas y enfermedades.

Mora et al, (1977) reportaron que un buen manejo del riego además de influir sobre los rendimientos, evitará un exceso de humedad y la proliferación de enfermedades fungosas.

Zlatev, (1979)  afirma que los tabacos orientales  son  cultivados sin  irrigación, esta se practica solamente durante los  años  de sequía, siendo el régimen de riego óptimo aquel en el que el  porcentaje  de humedad durante el periodo de activo crecimiento  (30 días después del trasplante - primera cosecha) no desciende  por debajo del 60 - 75 % de la capacidad de campo.

Se  plantea por Juan, (1985) que en el tabaco Negro tapado en  las condiciones  de  Cuba cuando se realiza un  manejo  adecuado  del riego,  no solo aumenta los rendimientos, sino también se  mejora la calidad del tabaco.

En  la actualidad, en la problemática del riego del tabaco, uno  de los objetivos  fundamentales lo constituye la  reducción  de  la norma total, el logro de cosechas de alta calidad y  rendimientos más  estables,  así como aumentar la  efectividad  económica  del riego.  En tal sentido se plantea por diferentes autores  que  el régimen  de  riego alterado en el tabaco se  caracteriza  por la supresión  del  riego durante las diferentes fases  del  cultivo, reduce  el  número de riegos a aplicar, estudia los  periodos  de mayores  exigencias   hídricas, aplica normas de riego  reducidas y  busca un mayor efecto económico del agua. También señalan  que suspender  el riego en la etapa de crecimiento reduce el  rendimiento y afecta la calidad de la hoja, así como alterar el régimen  de  riego tiene como objetivo fundamental lograr  un  ahorro del agua sin provocar variaciones significativas en el rendimiento y calidad del tabaco.

Juan,(1985) encontró diferencias significativas para la  cosecha total  y  los diferentes grupos de clases de tabaco en  miles  de hojas / ha y de pesos / ha para el riego alterado en el  tabaco tapado,  siendo  la variante más económica la que  se  regó   por surcos alternos al final del segundo periodo vegetativo y durante el  tercer periodo vegetativo, pues produjo en comparación con  el régimen  que se utiliza actualmente, una disminución de  la  norma total de riego en un 15 % y del costo de producción en 43 pesos / ha  con  una mejor calidad del tabaco.

 En el  riego  del  tabaco, cualquiera que sea la solución que se utilice, debe permitir  su aplicación  oportuna,  aplicar la norma de riego  en  cantidad  y uniformidad, así como evitar el encharcamiento y la erosión.

En  la actualidad para la determinación del momento de riego  así como  la cantidad de agua a aplicar se utiliza el  pronóstico  de riego,  esto puede realizarse por dos métodos: el  gravimétrico, Juan y García, (1982) y el bioclimático (Rey et al, 1982).

El  pronóstico de riego por el método gravimétrico se  fundamenta en la determinación del momento de riego por la vía directa,  con el empleo de la barrena. En el método bioclimático, el momento de riego  se  realiza  sobre la base de un balance  de  humedad  del suelo, los coeficientes bioclimáticos del cultivo, las lluvias  y la evaporación.

Refiriéndose  a  estos  aspectos,  el  Grupo  de  Pronóstico  del Instituto   de Investigaciones de Riego y Drenaje expresa que  la determinación  del momento de riego según la humedad presente  es un  método muy común en todo el mundo, con muchas  variantes  que van desde el uso de la sonda de neutrones, tensiómetros, resistencia  eléctrica,  etc. hasta la determinación gravimétrica de  la humedad del suelo; es el más exacto en dependencia de la  calidad que tenga la determinación de la humedad y su  representatividad, con el inconveniente que implica la inversión de valiosos recursos.  También plantea que los métodos biológicos se basan  en  el estado  de  las plantas, y en ellas se observa  la  respuesta  de determinados  órganos  para determinar el momento de riego;  es poco seguro y de uso limitado. Al referirse al método bioclimático se plantea que este tiene en consideración las necesidades  de agua  de  la planta a lo largo de su ciclo vegetativo  y  que  el mismo  se basa en las relaciones entre el consumo de agua por  la planta  y algún elemento climático y concluye expresando que  los avances crecientes en las investigaciones de riego han  permitido que en el mundo estos métodos sean cada vez mas usados.

Juan  et  al, (1985) plantean que el pronóstico de riego  en  ocho Empresas  de   Pinar del Río permitió incrementos de  la  cosecha desde 100 hasta 240 Kg / ha, lo que posibilitó un aumento de  los rendimientos  de 11.2 y 20 % para las variedades de tabaco  negro Criollo,  Corojo  y  C-30 y de 9 a 27 % para el  tabaco  de  tipo Virginia y Burley con utilidades y rentabilidad suplementarias de 529  pesos  /  ha  - 156 % y 109 pesos / ha  -  35  %  para  las variedades Corojo-Criollo respectivamente. En el cultivo del tabaco existen dos métodos de riego:  Gravedad y Aspersión. El método por gravedad tiene dos técnicas: el  riego por surcos, utilizando la guataca y el riego por mangueras.

El  método por aspersión tiene como técnica fundamental la  media presión en la que utilizan aspersores con medio alcance (InstructivoTécnico, 1979). La  mayoría de las superficies dedicadas a la producción  en  las variedades  de  tabaco  negro utilizan el método  de  riego  por gravedad.  No  obstante Juan, (1977) al estudiar  el  método  de riego  por aspersión en el tabaco negro tapado por encima  y  por debajo  de  la  tela  plantea, que si  se  utiliza  una  adecuada fitotecnia  se  obtiene una buena cosecha tanto  en  rendimiento

como en calidad. Este autor en 1982 llega a la conclusión, de que no existen diferencias en los valores de producción y los valores de categorías al  comparar el riego por aspersión con el riego tradicional  con mangueras, pero sí en el rendimiento agrícola en favor del  riego por aspersión.

En  el segundo encuentro Provincial Tabacalero, (1981) se  recomienda utilizar en zonas  donde la topografía es accidentada,  el riego por aspersión en plantaciones hasta los 35-45 días y en  el resto del ciclo utilizar la gravedad para evitar la erosión.

En los últimos años ha despertado mucho interés  el nuevo sistema de  riego localizado o riego por goteo, que más que un método  de riego  es una nueva concepción entre la hidroponía  y los  riegos tradicionales (Cabrera et al, 1979).

Trabajos realizados por Juan, (1979) encontró que haciendo un buen uso de la aspersión en el tabaco negro rapado se obtienen  buenos rendimientos y buena calidad.

Las  investigaciones  hoy  día tratan  de  esclarecer  para  los distintos cultivos la relación existente entre el agua que consumen  y  el  rendimiento que ofrecen  para  distintos  niveles  de abastecimiento hídrico. Una vez conocida dicha relación, la misma puede  usarse para programar los rendimientos en consonancia  con el  abastecimiento  de agua que se planifique, sin  embargo  esta relación agua - rendimiento, no es una relación sencilla y  tiene gran complejidad su determinación.

Los  cultivos  agrícolas consumen el agua durante un  periodo  de tiempo  que conocemos como periodo o ciclo vegetativo,  a  través del cual se suceden varias fases de su desarrollo, esto presupone que el agua de riego debe suministrarse paulatinamente durante un periodo más o menos largo donde se satisfacen (según se planifiquen) las necesidades hídricas de cada fase de su desarrollo.

La  sensibilidad  de  los cultivos a la deficiencia  de  agua  no resulta  igual diferentes  grados  de respuesta de la planta en rendimiento a determinados déficits  de agua en etapas distintas de su desarrollo (Paheco, 1984).

El  periodo de máxima demanda de agua es generalmente el  momento de  máximo  crecimiento del cultivo, ya que  un  déficit  hídrico durante este periodo afecta notablemente los rendimientos (Rey et al, 1982).

La  práctica actual del regadío en muchas regiones y  países  del mundo (incluido el nuestro) aplica un régimen de riego que  dista mucho del biológicamente adecuado, pero el déficit hídrico que  se produce  no  descansa generalmente sobre  bases  científicas  que justifican  su aplicación, más bien es el resultado de  problemas organizativos, en indagaciones y criterios subjetivos.

Conocer  la relación agua rendimiento para cada  cultivo  resulta doblemente  importante  porque  su  característica  es  que    el   rendimiento  de los cultivos no se reduce en la misma  proporción en  que  reducimos el agua aplicada, y esto,  además,  tiene  un apreciable valor económico.

Cuando se conocen los momentos en que el agua de riego no  incide significativamente en el rendimiento de las plantas pueden eliminarse  riegos, aplicarse aquellos con un menor volumen,  lo  que ocasionará un notable ahorro de agua  (Pacheco, 1984).

El estudio de diferentes regímenes de riego reviste gran  importancia,  ya que un riego adecuado aumenta las cosechas, iguala  o mejora  la  calidad  del producto y es buen  estabilidad  de  los rendimientos  (Juan, 1984; Cordero, Juan y González, 1987;  Contreras, Cruz y León, 1988).

Un adecuado manejo del riego garantiza una adecuada regulación de la  temperatura del suelo, estimula y favorece  considerablemente el desarrollo del sistema radical, lo cual trae como consecuencia que la planta absorba una mayor cantidad de elementos nutritivos. Además,  el  uso del riego en proporciones  adecuadas,  evita  la propagación  de  plagas y enfermedades, determina  el  número  de hojas en la planta, el tamaño de éstas, así como las demás  propiedades físico - químicas de la hoja, de las cuales va a depender el rendimiento y la calidad del cultivo en cuestión.

Existen  por  tanto  métodos y técnicas de riego  que  tienen  la misión de convertir el agua destinada al riego desde el estado de corriente  de agua al estado de humedad del suelo. Mediante  ello se deberá mantener en el suelo el régimen hídrico necesario y los relacionados   con los  regímenes  de   aireación,   nutrición, salinización   y  térmico;  garantizar,  conjuntamente  con   la agrotecnia,  una alta fertilidad del suelo y obtener los  rendimientos  más altos de las cosechas; crear en la capa  activa  del suelo la humedad necesaria de modo que esté distribuida uniformemente  en toda su superficie; garantizar una  alta  productividad del trabajo durante el riego; no destruir la estructura del suelo y realizar el régimen de riego necesario con un alto coeficiente  de  aprovechamiento del agua (C.A.A.) en el  campo. C.A.A.= 0.95-1.00 (Aidarov,et al, 1985).

  Cuando se riega utilizando el método de riego por gravedad  por acción  de la gravedad, el agua se distribuye directamente  sobre la superficie del campo por escurrimiento natural.  El  riego  por  la  acción de  la  gravedad  tiene  una  ventaja fundamental e indiscutible y consiste en que para su práctica  no requiere  de  gastos  adicionales de energía y  no  se  necesitan máquinas  especiales  ni materiales  deficitarios.  Utilizando  la técnica  de riego por surcos no se interrumpen las demás  labores al  permanecer  seca la tierra entre los surcos, de  ahí  que  se cumpla que  este  sistema en cultivos  intensivos  requiere  de frecuentes cuidados; el asentamiento de la superficie del suelo es menos acusada, la tierra no forma costra y solo se agrieta  parcialmente,  por  lo que es muy interesante este  sistema  en  las tierras  arcillosas (reducción de las pérdidas por  evaporación); el uso de los caudales reducidos disminuye el peligro de erosión, cosa que permite la utilización de pendientes acusadas; prescindiendo del riego por aspersión, el riego por infiltración lateral es obligado en aquellos cultivos en línea que precisan ser aporcados (Deloye y Rebour, 1974).

Este sistema de riego superficial es técnicamente imperfecto,  de ahí  sus desventajas que radican en la necesidad de trabajo  manual; la dependencia de las condiciones del relieve, la destrucción  de la estructura del suelo, la dificultad de la  regulación del grado de humedad y su uniformidad en el suelo y la  restricción en la mecanización de los procesos de la agricultura (Aidarov, 1982).

Cuando se riega utilizando el método de riego por goteo, el  agua se suministra en pequeñas dosis (gota a gota) a la zona donde  se encuentra la masa principal del sistema radical de la planta.

Resultados de un experimento de riego por goteo llevado a cabo en la Estación Experimental del  tabaco Negro (inédito)  demostraron que se pueden obtener buenos rendimientos cuando se usa un lateral  con  goteros por dos hileras de plantas con un  considerable ahorro de agua. 

En  Francia, Rolland, (1974) en ensayos de riego por goteo  señala que  en un caso los rendimientos y calidad fueron equivalentes  a los obtenidos con las técnicas de riego tradicionales, en  otros, los rendimientos resultaron un 20 % superiores a los obtenidos  con la técnica tradicional y la calidad mejoró considerablemente.

Oliver, (1977)  recomienda utilizar el riego por goteo en  lugares donde  hay escasez de agua.

 

 ELEMENTOS DEL  RÉGIMEN DE RIEGO EN EL CULTIVO DEL TABACO.

Uno de los elementos de suma importancia para la determinación de la  cantidad  de  agua a aplicar a la planta  lo  constituye  la evapotranspiración del cultivo, ésta no es más que la transpiración por parte de la planta y la evaporación desde la  superficie del  suelo que incluye el agua de constitución. La misma se  encuentra  influenciada  por  el clima, el suelo, la  planta, la filotecnia y técnica de riego empleada.

Según   Doorembos   et  al, (1976)  para  el  cálculo   de   la evapotranspiración  existen  diferentes métodos  y  fórmulas,  se puede  determinar de forma indirecta mediante el uso de  fórmulas empíricas en las que intervienen elementos del clima tales como: temperatura  del  aire, horas luz, humedad relativa,  déficit  de saturación, evaporación, radiación solar, velocidad del viento  y otros.  Las investigaciones de Juan et al, (1985) demuestran  que el uso consuntivo en el Tabaco Negro Tapado en las condiciones  de la Habana alcanzó un promedio de 223 mm y para el tabaco  Criollo de  Sol  de  202 mm, otros trabajos como los de  Cordero  et  al, (1985)  establecieron para el tabaco una  evapotranspiración   de 227 mm para el ciclo de 82 días  con un promedio de 3 mm / día.

Para  el tabaco  Oriental,  Zlatev, (1978) plantea que la  evapotranspiración de éste es baja para el primer periodo  vegetativo, máxima  en el periodo de crecimiento y tiene un descenso  durante la recolección.

El  periodo  de máximo requerimiento de agua para  el  tabaco  se encuentra  entre  los  50 y 70 días después  del  trasplante.  Un déficit agudo durante el periodo de crecimiento activo afecta  el peso  de las hojas y su composición química y un  déficit  ligero durante  la maduración es deseable porque se restringe el  crecimiento de las hojas jóvenes (Doorembos et al, 1979; Juan et al, 1990 y Rajvajah et al 1992).

Las investigaciones realizadas en Cuba por Juan, (1985) establecen  que  para el Tabaco Negro Tapado  en las condiciones  de  la Habana,  la máxima demanda de agua ocurre entre los 30 y 60  días con un promedio diario de 3.1 mm, y que durante las etapas de 0 - 30 y de 60 - 84 días la planta tiene la menor exigencia hídrica.

Por  otra parte Cordero et al, (1985) establecieron que  para  el Tabaco Criollo las mayores exigencias hídricas se registraron  en la  etapa  de  activo crecimiento del cultivo  con  una  demanda hídrica  de 3.1 mm / día (41%) entre los 40 -70  días  después del trasplante.

Otros elementos que conforman el régimen de riego lo  constituyen las  normas  totales y parciales,  además de los  intervalos   de riego para el cultivo. En el periodo de activo crecimiento (30 - 70  días)  se deben utilizar láminas de 15 - 25 y 30 -  35  mm  a intervalos  de  6  - 8 días; de 9 - 11 y 12 - 15  días  para  los suelos ligeros, medios y pesados respectivamente y en la  mayoría de  los  casos  la cantidad de agua a aplicar es de 20  -  50  cm (Chouteau, 1970).

El  tabaco Burley en Bulgaria se cultiva en  condiciones  de riego  y  en años normales se realizan 4 riegos con una norma  de 400  m³/ha. Cuando el tabaco se cultiva en suelos  ligeros,  se realizan  de 8 - 9 riegos con normas de 250 a 300 m³/ha.  Este tabaco  se desarrolla bien cuando durante su ciclo vegetativo  se le aplica una norma total de 3500 - 3600 m³/ha.  Por  su parte, Cruz y Juan, (1992) recomiendan para este tipo de tabaco y en las condiciones de Pinar del Río, aplicar 7 riegos con una norma total de 1386 m³/ha.

Juan, (1976) plantea que para el Tabaco Tapado regado por  aspersión se utilizan de 7 - 8 riegos con una norma total de 1651 m³/ha con normas  parciales desde 100 - 375 m³/ha; las normas más pequeñas  se aplican en la fase de enraizamiento y recolección  y las mayores en la fase de crecimiento activo.

Para  las condiciones de Pinar del Río, la norma  total  promedio para las variedades de tabaco negro Criollo y Corojo es de 1430 m³/ha  y normalmente las siembras que se efectúan a finales  de  Diciembre  reciben de 7 a 8 riegos  con normas que oscilan  desde 110  -  320 m³/ha, cuando se utiliza el riego por  aspersión  e intervalos de 8 y 10 días.

Juan,  (1985) indica que las normas parciales de  las  variedades Hicks 187, Virginia 315 y Speight G-28 oscilan desde 100 - 150 m³/ha; el número de riegos es normalmente de 6 a 8  y que para el Pelo  de Oro de acuerdo a las exigencias de la industria y a  las características de esta variedad, las normas totales y  parciales son de 1460  y  140 – 320  m³/ha y el número de riegos de  5 -6.

Juan y Cordero, (1985) plantean que en las condiciones de  Pinar del  Río para un 75 % de probabilidad de la lluvia el  número  de riegos para el tabaco Criollo oscila entre 7 y 9,con una distribución de 3-4; 1-3 y 1-2 para las diferentes etapas del cultivo al considerar un nivel de humedad en el suelo de 80 -75 -65 % de la capacidad de campo  y  una  norma parcial y total de 140 a 200 m³/ha y de 1536 m³/ha.

También recomiendan para las plantaciones tardías  en la variedad    Criollo  de 7 - 8 riegos  con una norma total de 1363 m³/ha  y una distribución de los riegos de 2-4; 1-3 y 0-1 para las  diferentes etapas del cultivo.

 

CONCLUSIONES.

-. De forma general, el cultivo del tabaco no requiere de aplicación de grandes volúmenes de agua, pero es muy sensible a la escasez o exceso de la misma, por lo que esta afecta  el rendimiento y el valor de la cosecha.

-. Aplicar un régimen de riego adecuado, incrementa los rendimientos y mejora la calidad de la producción.

-. En el cultivo del tabaco se pueden aplicar los métodos de riego superficial, por aspersión y localizado, no debiendo subestimar el uso perspectivo del riego por gravedad en virtud de su larga tradición y menor consumo de energía, siendo necesario  introducirle modificaciones que permitan elevar la productividad del regador, una mayor eficiencia del uso del agua y no provocar la erosión de los suelos.

-. Por la respuesta positiva del riego por goteo en cuanto al ahorro del agua, fuerza de trabajo y energía, es recomendable su aplicación inmediata  en el cultivo del tabaco para la obtención de capas.

 

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