UNIVERSIDAD DE PINAR DEL RIO

HERMANOS SAIZ MONTES DE OCA

DEPARTAMENTO AGROPECUARIO.

 

 

Comportamiento de terneros en crianza artificial con acceso al pasto a edades tempranas . II- Efecto de la alimentación en el desarrollo gastrointestinal  del ternero.

 

 

Autores: Dr. C. Esteban Fernández Rodríguez. ¹       e-mail: efernandez15@yahoo.es    

               Dra. M. V. Dariadna Batista Montané.¹        e-mail:dariadna2003@yahoo.es

               Ing. Roberto Castillo Suárez.¹                      e-mail:castillo@af.upr.edu.cu

               Dra. M. V Ailyn Leal Ramos¹                        e-mail:ailyn@af.upr.edu.cu

               Ing. Neville Henderson.¹                               e-mail:netacsps2002@yahoo.com

               Dr. M. V Gervasio  Martínez González.²

 

¹. Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Calle Martí final, esquina 27 de Noviembre # 270, Pinar del Río, Cuba.

². Empresa Pecuaria Genética Camilo Cienfuegos, Corralitos, C. del Sur, Pinar del Río, Cuba.

 

 

El crecimiento anatómico de los cuatro compartimentos del estómago está afectado por tres factores que actúan separados o en forma combinado a: edad, peso vivo y características de la ración, y se ha demostrado que el mayor incremento de peso de los órganos y su contenido se presenta a la 6 - 8  semanas de edad, en ternero alimentados con dietas convencionales de leche, heno y concentrado (Kesler, Ronning y Knodt, 1951; Harrison, Warner, Sander y Loosli, 1961; Gilliland, Bus y Friend, 1962).

Con dietas líquidas, todos los componentes aumentan en peso y tamaño a la misma tasa que el resto del cuerpo (Warner, Flatt y Loosli, 1956), aunque solamente es funcional el abomaso, pasando los alimentos a través de la gotera esofágica (Orskov, 1975).   Al introducir alimentos secos en la dieta, el ritmo de desarrollo varía, ya que estos van primero al rumen, donde pueden permanecer durante unos minutos o de uno a dos días, dependiendo de su composición física y química (Preston y Willis, 1970).  Con esta dieta el abomaso continúa desarrollándose a la misma velocidad que cuando consumía solamente leche, aunque disminuyendo en tamaño relativo; el omaso se desarrolla a un ritmo 2 veces superior y el retículo-rumen 4 veces más (Ugarte, 1977).  Por lo tanto a las 4 semanas, y con una capacidad 2 veces superior que cuando se suministra solamente leche (Tamate, Mc Gilliard, Jacobson y Getty, 1962; Warner et al 1956).  Esta tendencia a seguir aumentando de volumen continúa hasta ocupar el retículo.rumen, 81 – 87% el omaso 10 – 14 % y el abomaso 3 – 5% en los rumiantes adultos (Warner y Flatt, 1965).  En la figura 1 2 y 3 se muestran el diagrama del tracto digestivo de un ternero y del bovino adulto.  El peso del tejido que corresponde a los diferentes compartimientos del TGI se ha usado conjuntamente con la capacidad para describir como progresa su desarrollo.  Como se  aprecia en la tabla, se puede notar un rápido aumento en el peso del retículo-rumen en las primeras semanas, lo que se corresponde con el inicio del consumo de alimentos secos.

 

Tabla .Porcentaje del tejido total del estómago correspondiente a cada compartimiento en terneros a diversas edades (Warner y Flatt, 1965).

Al cabo de 16 - 17 semanas ha aumentado 20 – 30 veces su peso, mientras que el omaso 12 – 15 veces.  Contrariamente, el abomaso disminuye su peso relativo al avanzar la edad.  Sin embargo Godfrey, (1961) demostró que el peso del retículo – rumen vacío, expresado como porciento del peso corporal, continuaba aumentando hasta después de 17 semanas, aunque la proporción del peso total del estómago correspondiente al retículo – rumen alcanzó un máximo de 65% aproximadamente a las 6 semanas y no cambió en lo adelante.

Los estudios de Brownlee, (1956) y de Harrison, Warner, Sander y Loosli, (1961) permiten afirmar que el desarrollo muscular del retículo-rumen depende de la ingestión de alimentos sólidos.  Las paredes del retículo-rumen de terneros consumiendo leche contienen siempre menos músculos y son más delgados que las de aquellos que reciben alimentos sólidos.  Sin embargo el desarrollo de la musculatura no parece depender específicamente de un alimento sólido en particular, aunque es reconocido que la cantidad de músculo en las paredes del rumen difiere entre terneros recibiendo diferentes tipos de alimentos sólidos, como heno, pasto, concentrado u otro material casi indigestible como aserrín.  De ahí que es probable que el alimento sólido debe estar presente para inducir los patrones normales de motilidad ruminal, ya que en su ausencia, como sucede con terneros consumiendo solamente leche, estos patrones han sido anormales (Mc. Gilliard, Jacobson y Sutton, 1965).

 

1.3.   Efectos de los alimentos sólidos

Desde los primeros días de vida pequeñas cantidades de leche pasan hacía el rumen y en ese sustrato comienzan a desarrollarse microorganismos (Ziolecki y Brigs, 1961), permaneciendo el conteo bacteriano a un bajo nivel si la alimentación se mantiene a base de leche solamente (Lengemann y Allen, 1955).

La introducción de alimentos sólidos aumenta el número de bacterias haciendo su aparición los protozoos al ponerse en contacto los terneros con otros animales de más edad (Bryant y Small, 1956).  Eadie, Hobson y Mann, (1967) consideran el pH como el factor más importante que determina el tipo de población ruminal, señalando niveles más bajos para dietas de concentrados (5 – 6) que cuando se ofrecen grandes cantidades de forrajes ( 6 - 6.5).

Aunque deben esperarse beneficios con la inoculación ruminal del ternero joven con el contenido ruminal de adultos, los resultados hasta ahora obtenidos no han ofrecido ventajas (Preston, 1963).

Numerosos autores han propuesto diferentes sistemas de alimentación basados en relaciones altas de material fibroso con el fin de obtener ventajas económicas desde edades tempranas en el animal rumiante al utilizar cantidades limitadas de leche y producir terneros a más bajo costo (Hibbs y Pounden, 1950; Hibbs, Conrad y Pounden, 1953; Hibbs, Conrad y Pounden, 1954 y Hibbs, Conrad,  Pounden y Frank, 1956).

En este sentido, la relación concentrado-alimento fibroso tiene un efecto particular en el desarrollo del estómago del ternero y le permite incrementar los consumos de alimentos voluminosos como heno o forraje (Bacvanski, Vucetic, Cobita y Fabjan, 1975).

En investigaciones recientes Fernández y Plaza, (1987) indicaron que la relación óptima entre concentrado de inicio y heno molido se encuentra entre 80:20 y 70:30, precisándose más tarde que la relación 75:25 parece ser la más acertada para obtener un buen comportamiento de los animales y un desarrollo normal del tracto digestivo.

En trabajos realizados por Bartley, (1973) se encontró que los terneros alimentados con una proporción concentrado : heno molido (75:25) en un concentrado integral de inicio, crecieron más que cuando ambos alimentos se suministraron separadamente.

Los terneros jóvenes son notablemente peores consumidores de heno que el animal adulto.  Sin embargo, cuando se ha suministrado molido y mezclado con los concentrados se ha logrado incrementar el consumo considerablemente y se ha encontrado una estrecha relación entre el consumo de alimento y la ganancia de P.V (Bogart y England, 1971).

1.4.   Actividad enzimática y su relación con la digestión del ternero.

El abomaso, usado por el ternero casi exclusivamente en sus primeros días, se parece al estómago de un no – rumiante en que la digestión es realizada por enzimas de los jugos gástricos secretados en el abomaso e intestino.  Por otra parte el rumen actúa como una camara de fermentación habitada por una población mixta de bacterias y protozoos, los que efectúan la digestión de los alimentos sólidos, que al ser ingeridos pasan primero a ese compartimiento.

Así, la utilización eficiente de las dietas líquidas depende además de otros factores como la disponibilidad de enzimas apropiadas, mientras que la utilización del concentrado, heno y pastos está determinada esencialmente por el grado de desarrollo del rumen y su microflora.

 

1.4.1.                   Proteínas

En la digestión abomasal de proteínas las secreciones digestivas que intervienen son la renina, la pepsina y el ácido clorhídrico.  La renina está presente en dichas secreciones desde el nacimiento y su secreción se ve favorecida por el acto de mamar (Gorsskopf, 1965), tendiendo a disminuir cuando se sustituye la proteína láctea por otras fuentes protéicas (Preston y Willis, 1970).  Esta enzima juega un papel importante en la coagulación de la caseína (Mylrea, 1966), a pH cercano a 6 (Kastelic, Bentley y Phillips, 1950), y en la digestión incompleta de proteínas que ocurre mientras el pH es elevado.  En la medida que el pH baja la pepsina y el ácido clorhídrico actúan en la proteolísis.

Henschel, Hill y Porter, (1961) encontraron que la secreción de pepsina era poca, aún a 2 semanas de edad, aunque con  notables variaciones individuales, mientras que a las 4 semanas de edad  aparecía en grandes cantidades.  Asimismo que, entre la 6ta y octava semana, la renina desaparecía, desconociéndose exactamente cuando la pepsina sustituye a la renina como agente principal de la digestión protéica.

Los resultados de Ternouth y Roy, (1973) y de Ternouth, Siddons y Toothill, (1971) muestran que las enzimas proteolíticas pancreáticas son débiles al nacimiento y que aumentan con la edad, asimismo ellos reportaron que la actividad de la tripsina era débil al nacimiento, aumentando con la edad hasta permanecer constante.

 

1.4.2.                   Carbohidratos.

Huber et al., (1961), encontraron la existencia de una amilasa pancreática, que aunque baja al nacer,  evolucionaba con la edad y que era estimulada con la adición de glucosa al alimento.  También se ha comprobado la existencia de una amilasa intestinal (Dollar y Porter, 1959; Siddons, 1968), aunque con una débil actividad.

El ternero presenta una maltasa intestinal (Toofanian et al., 1974), que parece incrementarse con la edad (Siddons, 1968), como también posee una maltasa pancreática (Siddons, 1968).  Los trabajos de Coombe y Siddons, (1973) muestran también la existencia de una isomaltasa que muestra ser más activa en las regiones del yeyuno. 

Resultados de Toofanian et al., (1973 y 1974) han evidenciado la presencia de una celobiasa y una treolasa en el intestino delgado, mientras que los trabajos de Huber et al., (1961) y Siddons, (1968) no muestran la existencia de una sacarasa o invertasa intestinal, cuya despreciable actividad ha sido reportada por Toofanian et al., (1974) y Chongo, (1976).  Sin embargo resultados complementarios de Chongo, (1976) parecen indicar que la pobre digestión dela sacarosa en el intestino delgado del ternero parece debida a la flora microbiana.

Los resultados de las actividades enzimáticas han estado corroborados por el suministro de disacáridos a terneros jóvenes y un estudio de su evolución en sangre.  Así, la adición de lactosa mostró un aumento de la glicemia sanguínea, mientras que la digestión de sacarosa no mostró evolución (Dollar y Porte, 1957; Okamoto, Thomas y Jonson, 1959).  Los reportes sobre el efecto de la ingestión de maltosa a veces son contradictorias, lo cual puede ser debido a la forma de distribución de dichos carbohidratos o al tiempo de adaptación.

1.4.3.                   Lípidos

La saliva proveniente de las glándulas palatinas posee una esterasa pregástrica que hidroliza parcialmente la grasa láctea en el abomaso (Young, Ramsey y Wise, 1960). Esta enzima hidroliza los triglicéridos conteniendo ácido butírico, liberando este último y siendo favorecida a pH comprendido entre 4.5 – 6 e inhibida a valores de pH por debajo de 2.4 (Groshopf, 1965).  La secreción de dicha enzima es mayor en terneros amamantándose que en aquellos tomando leche en cubo (Young et al., 1960).

Esta digestión de lípidos, iniciada por la esterasa pregástrica es continuada por la lipasa gástrica en el abomaso donde se origina una hidrólisis parcial de los triglicéridos a ácidos grasos de cadena larga (Toullec y Felinski, 1971).  Sin embargo estos mismos autores señalan que la lipasa pancreática parece jugar un papel más importante hidrolizando los triglicéridos (provinientes de la leche y otras fuentes), en ácidos grasos libres, monoglicéridos y diglicéridos.  La actividad de esta enzima parece evolucionar con la edad (Huber et al., 1961 y Huber, Rifkin y Kith, 1964).

La utilización digestiva de las materias grasas responde a dos factores principales estrechamente ligados, a la naturaleza y modo de introducción en el alimento (Ugarte, 1977).

La alta digestibilidad de la grasa láctea es evidencia indirecta de cantidades adecuadas de lipasa y de un metabolismo eficiente, tanto con leche entera fresca 95% (Blaxter y Wood, 1952), como en leche entera deshidratada 97% (Raven y Robinson, 1964).  Sin embargo con otras grasas que contienen ácidos grasos de cadena larga la digestibilidad es menor.

 

1.5.   Adaptación de los terneros a dietas basadas en pastos

Es conocido que una alimentación prolongada con grandes cantidades de leche, limita el desarrollo del rumen, tanto en capacidad como en crecimiento papilar (Tamate, Mc Gilliard, Jacobson y Getty, 1962).  Si por el contrario, la leche es restringida y se suministran alimentos voluminosos, la rumia aparece aproximadamente a las dos semanas aumentando grandemente el contenido de bacterias y protozoos ruminales (Roy, 1974).  Este desarrollo funcional es tan rápido que terneros de 3 a 5 semanas pueden digerir la hierba de alta calidad con una eficiencia semejante a la de los animales adultos cuando se utiliza un destete temprano (Preston, Archibald y Tinkler, 1957; Godfrey, 1961).  No obstante, este efecto puede dilatarse si el destete es retardado.

Godfrey, (1961) observó que terneros alimentados con pasto alcanzaron niveles constantes de AGV en el líquido ruminal a partir de la quinta semana.  Sin embargo, en un segundo experimento las AGV no alcanzaron altas proporciones hasta la octava semana y la alimentación láctea fue un factor depresivo de los mismos, y además encontraron niveles constantes de AGV a partir de los 37 días cuando destetaron los terneros a los 28 días y suministraron pellets y heno a voluntad.

El hecho de que los terneros puedan digerir la hierba a partir de las 3 a 5 semanas de edad y obtener las adecuadas ganancias de peso vivo de 582 g / d al ser alimentados con pasto como única fuente de alimentación a partir de la sexta semana.  Lonsdale y Tayler, (1969) nos indican que éstos pueden absorber y utilizar eficientemente los AGV desde edades tempranas.  En este sentido Flatt, Warner y Loosli, (1959) no encontraron diferencias en el porciento de absorción de AGV entre terneros de 8 semanas y animales adultos.  Estos resultados demuestran que el ternero puede estar fisiológicamente preparado para vivir exclusivamente basándose en hierba a edades tan tempranas de 6 – 8 semanas, estando sujeto el comportamiento animal a partir de esta edad a la cantidad y calidad del material consumido.

Evidentemente, el ternero tiene limitaciones de capacidad del retículo-rumen (RR) con respecto a los animales adultos.  Los aspectos relacionados con el desarrollo del rumen han sido revisados por Huber, (1969).  Este autor ha sugerido que alrededor de las cuatro semanas de edad el retículo – rumen ocupa aproximadamente el 64 % del volumen total del estómago en terneros que reciben además de la leche, alimentos sólidos.  Este valor se incrementa hasta un 79 % a las 12 semanas, dicho aumento continúa progresivamente hasta alcanzar aproximadamente el 87 % en animales adultos.

Los alimentos voluminosos ejercen mayor efecto que los concentrados sobre el aumento en volumen del retículo-rumen.  En terneros sacrificados a las 12 semanas de edad, el retículo-rumen ocupó el 85 % del volumen total del tracto en los animales que recibieron solamente 0.45 kg/día de concentrados y heno a voluntad, mientras que en aquellos que recibieron hasta 2.27 Kg. / días de concentrados el volumen ocupado fue 82 % (Stobo, Roy y Gaston, 1966).  No obstante, el efecto de los alimentos voluminosos sobre el desarrollo temprano del rumen no logran aumentos sustanciales en el consumo de materia seca si los mismos no son de alta calidad.

El consumo de alimentos sólidos por unidad de peso vivo aumenta con la edad como consecuencia del desarrollo del tracto digestivo.  Se ha encontrado que terneros alimentados con dietas sólidas a voluntad (heno-concentrado), alcanzan niveles más o menos constantes de consumo de MS / Kg. de peso metabólico aproximadamente a los 4 meses de edad (Johnson y Elliott, 1969).  Resultados similares han sido obtenidos alimentando los terneros con hierba verde cortada como único alimento a partir de la sexta semana (Gleeson, 1971), y a partir de la oncena semana (Alder, 1969ª).

 

1.6.   Potencial de los pastos para el crecimiento y desarrollo de los terneros

Con respecto al comportamiento de los terneros cuando el pasto constituye la única fuente alimenticia, los resultados obtenidos son sumamente variables, dado que ello depende de numerosos factores como son calidad del pasto, alimentación previa, carga, edad del animal, ambiente y otros.

En condiciones  tropicales no se han reportado trabajos de alimentación de terneros basados en pasto desde edades tempranas, con excepción del trabajo de Kaiser y O´Nill, (1975) donde se utilizó el Pennisetum clandestinum (Kikuyo), aunque en condiciones subtropicales.

Numerosos autores han destacado la importancia que tiene el adecuar la fracción fibrosa a las dietas de inicio de terneros, teniendo como objetivos fundamentales la búsqueda del estímulo para el desarrollo temprano del rumen y el crecimiento normal del bovino joven con el destete precoz y el suministro de cantidades reducidas de leche (Hibbs, Pounden y Conrad, 1953; Lengemann y Allen, 1955 y Noller, Dickson y Hill, 1962).

Miller, Martín y Fowler, (1969) obtuvieron incrementos en ganancias de PV de 500g con la adición de alimento fibroso en la ración de terneros y atribuyeron este efecto beneficioso al consumo de fibra, de  suplemento y al mayor consumo de la ración.

Los valores de fibra, energía y proteína de la ración están dados en gran medida por el comportamiento y el desarrollo ruminal el cual no se limita a cambios anatómicos que suceden paralelamente cuando la alimentación es normal, ocupando un papel fundamental el nivel de fibra y la cantidad y forma física de la misma.

En el proceso de desarrollo el nivel de fibra en la ración y la cantidad y forma física del alimento fibroso desempeñan un papel decisivo, ya que como se ha demostrado la fracción fibrosa modifica profundamente el patrón de desarrollo del tracto alimentario y el comportamiento de los animales.

Warner et al., (1956) plantearon que la cantidad y forma física de la fracción fibrosa del alimento desempeña un papel importante en el desarrollo normal del tracto digestivo del ternero e influye en la eficiencia de la conversión alimenticia.

Es importante adecuar la fibra en raciones completas al utilizar diferentes formas físicas, lo que contribuye al buen desarrollo del rumen y al normal crecimiento en el ternero joven y se han establecido ventajas económicas al poder implantar el destete temprano con mejoras en la conversión alimentaria (Plaza, 1983).

 

 

 

 

 

 

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Figura 1.        Interior del rumen de un ternero de 6 semanas de edad.

Alimentado con leche y heno. Poco desarrollo de las papilas.

 

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Figura 2.    Interior del rumen de un ternero de 6 semanas de edad.

Alimentados con concentrado y heno. Buen desarrollo de papilas.


 

 

    

                           A                                          B                                                    C

Figura 3.    Interior del tracto digestivo de un ternero.

(A) Interior del Rumen,  (B) Interior del Retículo, (C) Interior del Omaso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Figura 4.         Esquema del estómago del bovino.  Roy , (1980).


 

 

 

 
 

 

 

 

 

 

 

 


Figura 5.      Diagrama del tracto digestivo de un ternero.

(1) Retículo (2) Rumen [saco craneal] (3) Rumen [saco dorsal] (4) Rumen [saco ciego dorsal] (5) Rumen [saco ventral] (6) Rumen [saco ciego ventral].  (7) Omaso (8) Abomaso (9) Orificio retículo-omasal  (10) Cardias (11) Pliege retículo-omasal  (12) Pilar craneal (13) Pilar longitudinal (14) Pilar caudal (15) Pilar coronario dorsal (16) Pilar coronario ventra. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Figura 6.      Sección diafragmática del rumen y del retículo de una vaca, que muestra la posición aproximada del librillo y del cuajar.

 

 

 

Currículum Vitae:

1.      Esteban Fernández Rodríguez: Graduado de Ing. Pecuario en la facultad de Pecuaria de la Universidad de la Habana en 1973 y Dr. C. Agropecuarias en el año 1981 en Bulgaria. Actualmente Profesor de Proyecto y Producción Animal en la UPR.(Profesor Titular).

2.      Dariadna Batista Montané: Graduada de Dra en Medicina Veterinaria en la Facultad de Medicina Veterinaria del Instituto Superior de Ciencias Agrarias de la Habana en 1994, actualmente UNAH. Profesora de Salud y Producción del Cerdo en la UPR. (Profesor Instructor).

3.      Roberto Castillo Suárez: Graduado de Ing. Agrónomo Pecuario en la facultad de Agronomía de la Universidad de la Habana en 1972. Actualmente profesor de Zootecnia en la UPR. (Profesor Asistente).

4.      Ailyn Leal Ramos: Graduada de Dra en Medicina Veterinaria en la Facultad de Medicina Veterinaria del Instituto Superior de Ciencias Agrarias de la Habana en 1998, actualmente UNAH. Profesora de Salud Pública Veterinaria. (Profesor Instructor).

5.      Neville Hendersen: Graduado de Ing. Agrónomo en la UPR en el año 2003, país Dominica.

6.      Gervasio Martínez González: Graduad de Dr en Medicina Veterinaria en la Facultad de Medicina Veterinaria del Instituto Superior de Ciencias Agrarias de la Habana en 1992. Actualmente médico principal de la UEB “La Barbarita” donde se desarrolló el trabajo.