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SEGURIDAD ALIMENTARIA
Jorge Alejandro DelaVega Lozano
jdelavegal@hotmail.com
Consultor privado, México
Introducción
El hambre en el mundo está mucho más relacionada con las políticas comerciales,
la escasez de recursos económicos y el colapso del Estado, que con el fracaso en
las cosechas obtenidas en regiones eminentemente agrícolas. Las hambrunas en
algunas regiones del mundo no están determinadas por la escasez global, sino por
falta de acceso a los alimentos.
El término Seguridad Alimentaria ha sido utilizado en diferentes sentidos a lo largo
del tiempo. En los años setenta la atención mundial se enfocaba fundamentalmente
en la oferta y almacenamiento de alimentos. Durante la Conferencia Mundial
Alimentaria de 1974 se contemplaba la oferta alimentaria global como factor
esencial para responder a la escasa disponibilidad de alimentos en algunas regiones
de Africa y otros países con problema de hambrunas.
En los años ochenta resultó evidente que la oferta no bastaba por sí sola para
asegurar el acceso de la población a los alimentos. Quedó demostrado que las
hambrunas ocurren si que exista déficit de alimentos a nivel mundial, y que el
acceso a los alimentos depende de los ingresos y derechos que individuos y familias
puedan tener en el entorno social e institucional donde se desarrollan.
A comienzos de los años noventa se incorporó el término Seguridad Nutricional,
considerando que las condiciones de desnutrición no obedecen únicamente al
escaso consumo de alimentos, sino también a las condiciones de salud en la
población. Es decir, deficientes condiciones sanitarias propician infecciones y
diarreas que impiden la ingesta y aprovechamiento de los alimentos, lo cual se
suma a la inadecuada distribución global de los mismos.
Durante muchos años el concepto básico de Seguridad Alimentaria consistió en
controlar las fuentes de alimentos dentro de una visión mundial centrada en el
conflicto bélico. La preocupación inmediata se centraba en el abastecimiento de
alimentos durante la guerra. En efecto, las políticas agroalimentarias durante la
Guerra Fría, fueron concebidas en términos de autosuficiencia nacional en materia
de alimentos, mediante la protección económica al sector agropecuario. La cuestión
fundamental radicaba en no depender de las importaciones para cubrir las
necesidades alimenticias. Según ésta visión hay que producir localmente todos los
alimentos que requiere un determinado país, lo cual no significa que un sector
agrario nacional pueda persistir sin divisas de otros sectores para financiar la
producción agropecuaria.
Un sector agrario exportador puede verse en necesidad de importar alimentos que
no produce, pero goza de autosuficiencia económica sectorial cuando el dinero
recibido por las exportaciones alcanza para solventar los costos de producción y la
importación de alimentos. La promoción de la autosuficiencia alimentaria se basa
en la idea subyacente de que depender del exterior es peligroso porque en
cualquier momento puede haber problemas en los países exportadores de
alimentos, desde un bloqueo en los medios de transporte, hasta un colapso del
mercado en caso de guerra, lo cual provocaría escasez de alimentos, e inesperado
incremento en el precio de los mismos.
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Esquemas
Lo cierto es que un esquema que descansa en la autosuficiencia alimentaria total,
enfrenta fuertes problemas, pues en ocasiones una parte de la producción nacional
resulta más costosa que la importada, y generalmente el sector agrario requiere de
maquinaria, equipo, tecnología y materias primas importadas, lo que genera gasto
en divisas, que se acentúa entre más se expande el mercado interno. La producción
local no deja de ser insegura por estar expuesta a sequías, inundaciones y
contingencias, mientras que la producción mundial de alimentos es más estable que
cualquiera de los sectores agropecuarios que la integran.
Para algunos, el propio concepto de autosuficiencia alimentaria deja de tener
sentido cuando las economías se abren y permiten el comercio internacional. De
éste modo, las exportaciones de un sector podrían cubrir las importaciones de otro
sector dentro del contexto macroeconómico abierto, lo cual haría menos probables
las situaciones de emergencia. El déficit inesperado en la producción nacional
agropecuaria de un determinado sector, puede compensarse aumentando la
importación de alimentos en el mediano plazo, pero en el largo plazo, un
incremento sostenido de las importaciones debe compensarse con incrementos
similares en las exportaciones agrarias y de otros sectores.
Riesgos
El riesgo de una crisis alimentaria nacional puede presentarse debido a una fuerte
disminución en la producción agropecuaria de los países exportadores de alimentos.
Un constante aumento en los precios del petróleo haría más costosa la producción y
transporte de los alimentos, lo cual limitaría la disponibilidad y el acceso. Veríamos
escasez de alimentos en caso cambien las políticas comerciales en Estados Unidos
donde mantienen existencias de alimentos para situaciones de emergencia.
El concepto Seguridad Alimentaria no se coloca en las circunstancias actuales, sino
en la posibilidad de que se presenten situaciones futuras y se ha ido alejando de la
noción de autosuficiencia para desempeñar importante papel en el comercio
internacional, donde el régimen cambiario liberalizado y flujos financieros
internacionales benefician a las grandes empresas. Los exportadores que
mantienen grandes excedentes de alimentos para vender en México, tienen su
atención enfocada en la demanda que proviene de la insuficiencia en la producción
nacional.
Según FAO la tendencia global en la producción de alimentos ha crecido más
rápidamente que la población mundial, por lo que cada vez es menor el sector de
población que se dedica directamente a la producción agropecuaria. Lo cierto es
que las estadísticas no resultan del todo exactas, y enmascaran desequilibrios
mundiales, en algunos casos sumamente graves. Evidentemente la producción
agropecuaria no es igual en todo el mundo. Algunos sectores agropecuarios en
México particularmente, se paralizan frente a las importaciones de alimentos, y no
por razón de excedentes en la producción local. Es bien sabido que cada día hay
menos mexicanos dedicados a la producción de alimentos, pero no por exceso en la
producción nacional, sino por el abandono en que se encuentra desde hace décadas
el campo mexicano.
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Concepto
El concepto Seguridad Alimentaria encuentra uno de sus límites en la creciente
urbanización, porque el acceso a los alimentos en las ciudades no depende de
poder producirlos, sino del precio de los mismos. La defensa de un libre mercado
internacional de alimentos, forma parte del discurso oficial externo que pronuncian
los grandes actores en el área de la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económico (OCDE), pero los planteamientos distan de ser aplicados en
muchos sectores agrarios de países que los pregonan. Habrá que contrarrestar el
doble mensaje de los países desarrollados que, por un lado mencionan las ventajas
de una economía abierta, y por otro sus políticas comerciales no permiten el
desarrollo ni la incorporación de los países en vías de desarrollo.
Nuevas formas de protección agraria están siendo aplicadas en países ricos,
algunas de ellas distorsionan el mercado y afectan a los países en desarrollo que
comparten la necesidad de crear oportunidades en el mercado internacional de
productos agrarios. La FAO en su análisis del año 2002 indica que la balanza
comercial agropecuaria de los países en desarrollo ha ido empeorando, desde un
superávit récord de 17 mil millones de dólares en 1977, a un déficit neto de 6 mil
millones de dólares en 1996. El mismo informe señala que a pesar de las reformas
internacionales para intercambio agroalimentario, las importaciones netas de
cereales en países menos desarrollados aumentaron a 100 millones de toneladas
entre 1997 y 1999, e indica que ésta cantidad podría aumentar hasta 190 millones
de toneladas para el año 2015, y a 265 millones de toneladas netas de cereales
para el año 2030.
Esta evolución en la importación de cereales tendría una connotación positiva si
pudiera reflejar mejoría en los niveles de ingreso poblacional, pero sabemos que
existe un número alarmante de personas desnutridas en los países menos
desarrollados, cuyo problema básico radica en superar la pobreza para adquirir
capacidad y estabilidad en el acceso a los alimentos. Las importación de alimentos
en gran escala, provenientes de países con medios para subvencionar fuertemente
su producción agraria, socavan las posibilidades de muchos países en desarrollo
que desean fomentar su producción interna para satisfacer parte de la creciente
demanda. Además, subsiste incertidumbre sobre la capacidad de los países en
desarrollo para continuar obteniendo divisas suficientes que permitan sostener en el
largo plazo, las importaciones de alimentos subsidiados provenientes de países
desarrollados. Para obtener divisas se requiere de una base exportadora
diversificada que, por un lado depende de las políticas domésticas, y por otro de la
existencia de un mercado internacional amplio y estable. Sin mercado internacional
las oportunidades para los países en desarrollo quedan restringidas.
Reglas
Sabemos que un sistema de reglas resulta esencial para que el libre comercio
internacional funcione y pueda ser administrado, pero hemos visto que el conjunto
de reglas actuales no evita el doble mensaje al que aludimos previamente en
relación con el proteccionismo en los países desarrollados. Evitar el doble mensaje
parece estar fuera de alcance en la agenda de la Organización Mundial del Comercio
(OMC).
En México, los funcionarios más optimistas vieron en el Acuerdo sobre Agricultura
un proceso que a mediano plazo conllevaría reformas sustanciales en la política
agraria que permitirían vincular mercados domésticos con internacionales.
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Agenda
En la Agenda para el Desarrollo de Doha, las negociaciones se exhibían como
momento oportuno para hacer reformas sustanciales al Acuerdo sobre Agricultura,
pero fue evidente la resistencia a las reformas por parte de países que otorgan
mayor protección a sus sectores agrarios. Incluso algunas negociaciones
comerciales multilaterales actuaron como factor de restricción en la autonomía de
los países menos desarrollados, y las formas de actuación pública dejaron escaso
margen de idoneidad a los sectores no se identifican con el libre comercio. La
liberalización comercial no debiera aparecer como un fin en sí mismo, sino como
resultado de negociaciones guiadas por el principio de reciprocidad.