Control ecológico del oidio o cenicilla en pepino

El oidio, cenicilla o ceniza es una enfermedad que afecta a numerosas especies cultivadas, especialmente a las cucurbitáceas (pepino, melón, sandía, calabaza, zapallo, calabacín, etc.).

El agente patógeno es un hongo que produce manchas pulverulentas, polvo blanquecino, en hojas y tallos, las que en realidad son estructuras microscópicas que penetran en las células de las plantas y extraen los nutrientes. La consecuencia es que las hojas se van marchitando (senescia prematura), afectando el rendimiento por la menor área foliar y disponibilidad de nutrientes y reduciendo el tenor de azúcares en los frutos.

Oidio o cenicilla en hojas de pepino (foto tomada de www.fotosimagenes.org)
Oidio o cenicilla en hojas de pepino (foto tomada de www.fotosimagenes.org)

La forma corriente de controlar esta afección es mediante el tratamiento con fungicidas químicos, aunque con el consiguiente riesgos de que se generen cepas resistentes del hongo, lo que obliga a la permanente búsqueda de otros fungicidas más poderosos que al ser nuevos todavía sean efectivos.

Los fungicidas que se utilizan pueden ser de contacto o sistémicos, siendo estos últimos los más nuevos con mecanismos de acción muy específicos, aunque por este motivo presentan mayores posibilidades de crear resistencias. Asimismo, los fungicidas químicos complican la comercialización de la producción por los tiempos de carencia que deben cumplir los productores, entre la última aplicación y la puesta en venta para el consumo.

También se trabaja seleccionando cultivares o híbridos con resistencia o tolerancia a la enfermedad y mediante control biológico, con preparados que incluyen otros hongos competidores (Trichoderma harziarum, Ampelomyces quisqualis).

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Recientemente, investigadores mexicanos confirmaron que existe otra alternativa de control, utilizable tanto en manejo convencional como orgánico, que trae ventajas ambientales. Se denomina ‘fitomineraloterapia’ y consiste en el uso de sales presentes en la naturaleza, de baja o nula toxicidad para mamíferos. En un ensayo probaron el bicarbonato de potasio y el bicarbonato de sodio para el control de oidio en pepino.

El bicarbonato de potasio presentó resultados favorables que permiten recomendar su uso. Esta sal se encuentra en los seres vivos y si bien hoy se obtiene por síntesis química, el primer método industrial para su obtención ya obsoleto, era mediante el lixiviando de cenizas de la madera u otros vegetales quemados. Además, una manera que agregar potasio a los organismos de personas que necesitan cantidades adicionales de este elemento, es mediante suplementos de bicarbonato de potasio.

En condiciones de invernadero y trabajando con el cultivar Poinset 76, realizaron seis aplicaciones de bicarbonato de potasio y bicarbonato de sodio en distintas concentraciones, que comenzaron una vez que las plantas formaron dos hojas verdaderas, y empezaron a mostrar infestación natural por oidio.

Las evaluaciones de los resultados se realizaron a los 31, 33 y 35 días después de la primera aplicación, examinándose la cantidad total de hojas, el número de hojas enfermas y la incidencia y severidad de oidio en hojas del tallo principal.

Los investigadores concluyeron que la mayor disminución de hojas enfermas (94.6%, 93.3% y 92.4%, a los 31, 33 y 35 días respectivamente después de la primera aplicación) se obtuvo con 4 g por litro de bicarbonato de potasio. También dedujeron que ambos bicarbonatos no interfirieron la morfogénesis de las plantas, en cuanto al número de hojas. No encontraron efectividad en el uso del bicarbonato de sodio.

Para consultar el trabajo, se debe acceder a:

Efecto de bicarbonatos en el control de cenicilla (Oidium sp.) en pepino (Cucumis sativus L.)
Autores: Moisés Gilberto Yáñez Juárez, Felipe Ayala Tafoya, Leopoldo Partida Ruvalcaba, Teresa de Jesús Velázquez Alcaráz, Tirzo Paúl Godoy Angulo y Tomás Días Valdéz. Todos de la Facultad de Agronomía-Universidad Autónoma de Sinaloa, Culiacán, Sinaloa, México.
Publicado en Revista Mexicana de Ciencias Agrícolas Vol.5 Núm.6, agosto – septiembre de 2014.

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