Uso del tabaco para producir biocombustible

No hay ninguna duda ni hacen falta más pruebas sobre los efectos adversos a la salud humana que produce el fumar. Sin embargo, las acciones de los gobiernos para eliminar la producción de cigarrillos, cigarros, puros… son débiles, de una efectividad dudosa y en el mejor de los casos, con algún resultado favorable en el muy largo plazo.

Existen diferentes motivos que hacen que los gobiernos no puedan llevar a cabo acciones más drásticas. Una es la formidable masa de recursos económicos y sociales que se mueven en la cadena del tabaco. Desde el pequeño productor, generalmente pobre, que cultiva las plantas de tabaco, hasta terminar en el pequeño negocio que vende los cigarrillos al consumidor.

Y si buscamos confabulaciones, posiblemente no sea una casualidad y si una estrategia deliberada por parte de las pocas gigantes corporaciones multinacionales que manejan el negocio del tabaco en el mundo, de mantener una cadena con muchísimas personas pobres en su inicio y muchísimos vendedores minoristas del producto terminado en la otra punta, para quienes la eliminación de la venta de tabaco les significaría una caída sustantiva de los ingresos de sus reducidos negocios que los podría llevar a la ruina.

Sin embargo, la necesidad de disminuir la producción del tabaco para fumar se ha cruzado con la necesidad de reducir la emisión de gases de efecto invernadero para controlar el Calentamiento Global.

¿Dónde se cruzan estos dos problemas? En que una política que favorece la reducción del Calentamiento Global es el uso de energías renovables como son los biocombustibles y que estos tienen una mala imagen en la sociedad, dado que utilizan la misma tierra que la empleada para la producción de alimentos. Muchas personas asocian los biocombustibles con subas de precios y falta de alimentos.

Por lo que utilizar las plantas de tabaco para fabricar biocombustibles no afectaría la producción de alimentos ni tampoco dejaría sin trabajo a los pequeños agricultores pobres. Desde ya que el resto de la cadena se tendrá que reconvertir.

Flores y frutos del tabaco
Flores y frutos del tabaco (foto de Sunchem SA)

En este sentido, ya existen en el mundo distintos emprendimientos e investigaciones para producir biocombustibles a partir del tabaco. El punto de partida es el actual tabaco domesticado que se siembra para fumar y otros silvestres, que producen poca semilla pero con un adecuado porcentaje (38-40%) de aceite industrial de buena calidad. La biomasa que producen estas plantas es muy elevada, pero con poca capacidad para la elaboración de biocombustibles.

Por lo que, por un lado, se está trabajando con ingeniería genética para aumentar la cantidad de flores y semillas en detrimento de la biomasa, lo cual generará mayor cantidad de aceite por hectárea que se utilizará para obtener biodiésel y dejando un residuo para la alimentación animal. Y por otra parte, otra línea de trabajo es aumentar la biomasa pero con mejores características que permitan su aprovechamiento para fabricar biocombustibles.

Así, el Departamento de Energía de los Estados Unidos ha financiado un proyecto conjunto del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, la Universidad de California en Berkeley y la Universidad de Kentucky, uno de cuyos objetivo es aumentar la eficiencia de la absorción de carbono por parte de las hojas de las plantas de tabaco, con el fin de explotar la fotosíntesis para la producción de biocombustibles, aumentando la cantidad de bioenergía que se puede obtener de la biomasa.

El proyecto tiene también un objetivo más ambicioso, que hoy suena a fantasía. Pretende lograr una planta de tabaco que produzca en sus hojas el biocombustible casi listo para usar. Que simplemente haya que triturar las plantas y que el líquido que se obtiene pueda ir, con alguna mínima filtración, directamente al tanque del vehículo.

Actualmente, para obtener biocombustible de la biomasa se la debe cortar a campo y transportarla a una planta de elaboración donde es tratada con microorganismos o enzimas que transforman la celulosa y el azúcar en bioetanol, biodiésel o biogás. Aunque la biomasa utilizada sea un desecho sin valor, esta elaboración agrega un costo que, en muchos casos, hace comercialmente inviable la fabricación del biocombustible.

El proyecto americano busca lograr una planta que entregue biocombustible equivalente a un 20-30% de su peso seco, introduciendo microorganismos (cianobacterias, algas verdes) productores del biocombustible en el ADN de las plantas de tabaco; de tal manera que al mismo tiempo que son más eficientes para aprovechar la energía solar fijando carbono, los microorganismos lo van transformando en biocombustible dentro de las hojas. Desde ya que es de esperar que conseguir esto llevará unos cuantos años, si es que finalmente se logra.

Otra investigación en EE.UU. fue realizada en el Colegio Médico Jefferson, adscrito a la Universidad Thomas Jefferson, en Filadelfia, donde los científicos se propusieron intentar encontrar maneras de modificar genéticamente las plantas de tabaco para que sus hojas expresaran mayor cantidad de aceite.

Las hojas corrientes de tabaco poseen 1,7-4% de aceite en relación al peso en seco, por lo que fueron modificadas genéticamente para que expresaran más aceite de lo normal uno de dos genes: el gen DGAT o el gen LEC2. El resultado fue muy positivo ya que algunas plantas genéticamente modificadas han llegado a producir hasta 20 veces más aceite en sus hojas. Esto permitiría obtener biodiésel de la biomasa del tabaco.

Proyecto de combustible ecológico para aviones
Proyecto de combustible ecológico para aviones (foto de Sunchem SA)

En Sudáfrica se está desarrollando un proyecto entre la fábrica de aviones Boeing y la aerolínea South African Airlines (SAA) para producir un combustible para aviones amigable con el medio ambiente.  Trabajan con la colaboración de la empresa SkyNRG con sede en los Países Bajos,  que fue creada con el apoyo de importantes corporaciones multinacionales con el objetivo de desarrollar combustibles de bajo impacto ambiental para aviones y también con la empresa italiana Sunchem SA, proveedora de la semilla de tabaco genéticamente modificada. Se supone que este tipo de biocombustible reducirá entre un 50 y un 75 por ciento las emisiones de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera.

Se pueden leer más detalles de lo que se está haciendo en este proyecto entrando en la web de SkyNRG, donde se indica que el 15 de julio pasado, South African Airways (SAA) y la compañía aérea de bajo coste Mango realizaron el primer vuelo en África utilizando biocombustible sostenible extraído del tabaco. El trayecto es de Johannesburgo a Ciudad del Cabo y los vuelos son operados por un Boeing 737-800.

Una de las empresas que participa de este proyecto es Sunchem, con sede en Arma di Taggia, Liguria, Italia, y cuyo objetivo ha sido desde su creación en 1990 trabajar específicamente en la modificación genética de las plantas de tabaco.

Tabaco Solaris para producir biocombustibles
Tabaco Solaris para producir biocombustibles (foto de Sunchem SA)

Ya cuenta con una semilla de tabaco patentada a nivel mundial denominada Solaris, la cual describe como una planta muy robusta capaz de crecer en distintas condiciones de suelos y clima, incluso en tierras marginales para producir alimentos. Dicen que en una hectárea se llega a producir entre 4 y 10 tn de semillas según el clima. Las semillas contienen el 40% de aceite y por presión en frío podría extraer 33,5% de aceite crudo, quedando el resto como una torta proteica para alimentación del ganado.