Adivinando el precio futuro de la soja

Al realizar un presupuesto para tomar la decisión sobre si conviene o no sembrar soja (o cualquier otra actividad empresaria) y eventualmente, cuanta superficie se destinará este cultivo en relación a otros, se trabaja con cuatro variables:

En forma muy simplificada:

(cantidad de producción x precio de la producción) – (cantidad de insumos x precios de los insumos)

De las cuatro variables, la que normalmente define el tamaño del error entre el presupuesto antes de la siembra y el cálculo del resultado económico luego de la cosecha, es el precio al cual se vende realmente la producción.

Por lo tanto, para tomar decisiones acertadas es clave no errarle al precio esperado. Dado que determinar un precio futuro es algo que no está al alcance de todos, es que frecuentemente se escucha como recomendación que al realizar un presupuesto previo a la siembra se utilicen los precios que se están pactando en el Mercado de Futuros. Se entiende que quienes compran y venden en una bolsa de cereales son expertos en adivinar (perdón … predecir) precios futuros.

De hecho para que una operación de compra-venta futura se realice, una parte debe pensar que el precio futuro va a ser igual o mayor que el precio que pagará por el grano al completarse la operación y la otra parte, debe pensar que el grano futuro valdrá igual o menos que el que acaba de vender. En otras palabras, se supone que la mitad del mercado piensa hacia arriba (compra), la otra mitad hacia abajo (vende), y que el precio resultante es un adecuado promedio.

Sin embargo algunos operadores pueden estar obligados a comprar o vender a cualquier precio por razones técnicas (evitar o disminuir las pérdidas generadas por otras posiciones conflictivas). En el mismo sentido, cuando se realiza una operación de canje de insumos a la siembra por granos entregados a la cosecha, el vendedor se cubre con una operación futura que le “pasa” al productor que compra, quien frecuentemente está más preocupado por conseguir financiamiento que por el precio final que pagará, por lo que en realidad está validando cualquier precio futuro que haya cubierto al vendedor de los insumos.

Ante estas dudas, ¿son realmente los precios futuros buenos estimadores de los precios que realmente se producirán?

Para aportar algunos elementos en un intento de aclarar esta cuestión, relevamos los precios mensuales de soja Cámara-Rosario del 2003 al 2009, que los convertimos a dólares con la tasa de compra del Banco de la Nación Argentina (información extraída de la Bolsa de Cereales de Rosario). También relevamos los precios de futuro pactados en Rosario (pero levantamos la estadística del sitio de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires).

Abajo está el gráfico resultante. Cada punto rosa es el precio que 180 días atrás el mercado pactaba para vender a futuro. Es decir, lo que el promedio de los operadores pensaban que sería el valor de la soja seis meses adelante. Por lo tanto, en cada momento de tiempo se coteja el precio real con el precio pronosticado.

Dado que no siempre se abrieron posiciones seis meses antes de un determinado mes, hemos interpolado y extrapolado los precios de posiciones cercanas (150 días, 210 días, …), en la medida que entendimos que las variaciones entre las posiciones vecinas no eran de significación.

Precios mensuales de la soja: Cámara Rosario vs. Futuro pagados seis meses atrás
Precios mensuales de la soja: "Cámara Rosario" vs. "Futuro" pagados seis meses atrás

Del gráfico resulta claro que el mercado va detrás de las variaciones de precios y nunca pudo predecirlas. No pudo predecir las subas ni tampoco las bajas cuando estas fueron rápidas. El pronóstico y lo real van casi juntos en momentos de gran estabilidad de precios (así cualquiera adivina).

Los “expertos” compradores y vendedores del mercado hacen lo mismo que cualquier mortal. Todos tendemos a pensar que lo que está ocurriendo hoy (bueno o malo) se repetirá en el futuro. Pensamos en un futuro negativo cuando hoy nos va mal y creemos que los buenos momentos nunca terminarán cuando las cosas marchan bien.

O sea:

  • Primero sube el mercado y luego los operadores ajustan sus estimaciones a que los precios mantendrán la suba.
  • Primero baja el mercado y luego los operadores ajustan sus pronósticos a la baja, entendiendo que se mantendrán bajos.