Clasificaciones prehispánica de los suelos en México

Días atrás, recibimos un aviso de Régulo León-Arteta M.C., sobre la publicación en México de la cuarta edición de su libro de texto Nueva Edafología, por lo que preparamos un post en este blog para difundirlo.

Al redactarlo, encontramos un punto en el índice del libro que nos llamó la atención: Las clasificaciones prehispánicas de suelos.

No teníamos idea que pudieran existir clasificaciones de suelo en las comunidades originales, por lo que le solicitamos mayor información a León-Arteta, quien amablemente nos adjuntó el correspondiente capítulo de su libro y un artículo publicado en la Ciencia y el Hombre en 1983 (U.V. Xalapa Ver. México) del cual apenas hemos extraído unos párrafos introductorios, que copiamos a continuación.

“El pueblo maya según Pasos y Galván (1972) elaboró un sistema de clasificación de tierras, que está basado en la relación entre la vegetación y la morfología del perfil de suelos, los cambios de los suelos al cultivarse y su ubicación topográfica o Push Lu ‘um. Esta cultura tenía un alto grado de civilización, misma que mantuvieron por 2000 años y hasta hace 600 años AC. (Barrera, 1980). Aunque sólo la conocemos en forma fragmentaria, constantemente se tienen descubrimientos: los canales del Río Hondo, fechados en 1800 A.C., el sofisticado sistema de riego del Valle de Edzna sobre el Río Candelaria en Campeche, terrazas como las del Río Bech, fechadas entre 600-830 de nuestra era.

En las sierras de Chiapas, Schmidt (1980) estima que se construyeron 10,400 Km2 de terrazas. En los bajiales se edificaron 275 Km2 de elevaciones del terreno para cultivar tierras inundadas o para drenarlas, que permitieron las construcciones de los grandes centros urbanos. Ya que no sólo eran centros ceremoniales, como se creía. Dichos trabajos de aprovechamiento, recuperación y mejoramiento de suelos no han tenido parangón aún en nuestros tiempos Pero con todo y ello su colapso ha sido causa de muchas especulaciones, parece ser que el abuso de los suelos y una sequía prolongada favoreció su destrucción, Gill según Cecil (2004).Quizá el aprovechamiento de sus experiencias,pueda ayudarnos a atenuar los efectos de una sequía similar futura. Esto apoya la necesidad urgente de rescatar lo más detalladamente posible no solo de dichos conocimientos sino todo su bagaje tecnológico.

El paseo de campo (Arias, 1980), que incluso ahora practican los mayas para seleccionar los lugares más adecuados para la siembra, permite reforzar lo asentado. Ellos llegan incluso a estimar la producción posible, basándose en la edad y tipo de la vegetación secundaria Hub che, características del suelo y topografía. Aunque el pueblo maya no elaboró propiamente una clasificación de suelos sino de tierras, inclusive Tsol Lu’um se traduce como clasificación de tierras.

La utilidad de esta clasificación puede ser más enfatizada, si comparamos los perfiles de suelos que encontramos en ellas, con los sistemas de clasificación taxonómica de suelos que tienen más difusión en el mundo. La clasificación maya puede facilitarnos la clasificación de los suelos tropicales derivados de calizas. Estos en México, constituyen gran parte de la Sierra Madre Oriental, y desde luego, la Península de Yucatán.

A largo plazo tal clasificación puede permitirnos tener un sistema nacional de inventariado de suelos, que conjugue las posibilidades de nuestros laboratorios, con la precisión científica y la experiencia práctica de la milenaria cultura maya.”

Para comprender la verdadera magnitud de lo que significa que un pueblo originario hubiera contado con una clasificación de suelos, debemos pensar simplemente en las fechas de ocurrencia. La clasificación fue desarrollada entre la aparición de la cultura Maya, alrededor de los 2600 años AC, y su apagado, unos 600 años AC.

Los párrafos anteriores se refieren exclusivamente a los avances de la cultura Maya, pero en el capítulo del libro Nueva Edafología también se muestran clasificaciones de los pueblos Purepecha, Ojiteca y Huave.

Para mayores detalles, el e-mail de Régulo León-Arteta M.C. es [email protected]