Renovado interés por el cultivo de Camelina sativa

Camelina sativa es una especie herbácea de 0,3 a 1,2 m de altura, perteneciente a la familia de las Brassicaceas (antes Crucíferas), con antecedentes remotos de su cultivo en Europa hace al menos 3.000 años AC.

Siguió siendo cultivada durante los imperios griego y romano hasta la Edad Media y luego se abandonó su siembra, al menos en superficies significativas, sin conocer con certeza el motivo. Luego continuó su presencia como una maleza del lino lo que explicaría su difusión en las áreas cultivadas de América.

El Hombre de Tollund es una momia muy bien conservada encontrada en una turbera de Dinamarca y se piensa que corresponde a la Edad de Hierro, en el siglo IV AC. Este hombre fue ahorcado como parte de un ritual y se encontró en su estómago su última comida, que habría sido una sopa de hortalizas y semillas de cebada, linaza, manzanilla y camelina.

El objetivo principal de su cultivo era la producción de aceite ya sea comestible para cocinar (tiene sabor y aroma a almendras) o bien como combustible para ser utilizado en lámparas.

Se sabe que los romanos usaban el aceite de camelina como aceite de masajes y combustible de lámpara, y también en la cocina; así como la semilla participaba directamente de comidas como alimento humano o animal (para pájaros).

Su fruto es una pequeña silicua (fruta típico de la familia de las Brassicaceas), que termina en forma puntiaguda conteniendo entre 8 y 16 pequeñas semillas. El tamaño de las semillas es una de las características que se busca mejorar en esta especie.

Entre las ventajas que se le asigna está lo barato de su cultivo por requerir poca cantidad de insumos y lo corto de su ciclo. A los 85/100 días desde la siembra se la estaría cosechando. Se adapta mejor a climas fríos/frescos, con poco calor a la floración. Competiría con la colza y el trigo y hay información no verificada que indica que resistiría mejor la falta de lluvias.

Si bien ya hay antecedentes en los años ’70 sobre su estudio para aprovechar su aceite, es realmente mucho lo que falta por conocer sobre sus características agronómicas.

Últimamente se han intensificado las investigaciones como fuente de biocombustibles, especialmente como combustible alternativo para la aviación.

Sin embargo, si se vuelve a su siembra masiva tal vez la causa no sea su uso bioenergético donde ya hay otros cultivos que cumplirían adecuadamente esta función.

La semilla posee hasta un 45% de ácidos grasos del tipo omega-3 y hasta un 15% de ácidos grasos del tipo omega-6. O sea que más del 50% del aceite extraído por presión en frío serían poliinsaturados, de efectos favorables para la salud, y que se denominan *aceites esenciales* pues no los puede sintetizar el ser humano y deben tomarse en las comidas. Además el aceite es muy rico en tocoferoles (antioxidantes naturales) que lo hace resistente a la oxidación y al enraciamiento.

El alto porcentaje de ácidos grasos omega-3 y omega-6 que contiene y el bajo tenor en ácidos grasos saturados, hace que su aceite esté considerado como de alta calidad comestible.

La harina de camelina es el producto que queda luego de la extracción del aceite y generalmente contiene 10/12% de aceite y 40% de proteínas. Tanto la harina como el aceite están siendo evaluados para usarlos en la alimentación de peces, ganado bovino para carne, producción de leche y avicultura.

Por ejemplo, a ponedoras se les dieron raciones hasta con un 15% de harina de camelina sin que hubiera efectos adversos en las aves y se observó un incremento del contenido de ácidos grasos omega-3 en huevos en forma directamente proporcional al incremento de la cantidad de harina de camelina en las dietas.

Un ensayo similar en la producción de leche de cabra resultó con las mismas conclusiones ya que el tenor de ácidos grasos omega-3 se incrementó con el aumento del porcentaje de harina de camelina en las dietas.