Prácticas Rurales Familiares

Artículo de opinión que nos hiciera llegar el Dr. Roberto F. Bertossi, Profesor e Investigador Universitario de Derecho Cooperativo de la Universidad Nacional de Córdoba.
Contacto con el autor: [email protected]
…………………………………………………………………………………………….

Mediante el Decreto Nº 571 de fecha 4 de abril de 2008, entre otras medidas, se creó en la órbita de la Secretaria de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos del Ministerio de Economía y Producción de la Nación, una Subsecretaria de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar.

Es que la evidencia y comprobación empírica de la fidelidad y compromiso agricultor argentino está constituida primariamente por un conjunto de prácticas productivas y socioculturales que se cultivan con fértiles esfuerzos a partir de la integración de sus campesinos en condición y calidad de tales.

Ellas constituyen instrumentos y medios de la propia reproducción social y cultural en espacios que ganan nuevas dimensiones cuando son pensados y analizados como un territorio construido justamente por estos esforzados y postergados actores sociales rurales a nivel familiar.

Esto se destaca cuando estas prácticas son asumidas cooperativamente y conscientemente asociadas en un sector social que cataliza perspectivas de convivencias entre minifundios y pequeñas extensiones sin regularización dominial y, paradójicamente por tenedores pacíficos de generaciones inmemoriales, tierras semiáridas, boscosas, tierras con montes tupidos, muchas de las cuales hoy son a menudo despojadas, desplazadas y/o mutiladas por especuladores lucrativos, depredadores ambientales, urbanizaciones residenciales cerradas o de fines de semana, truncando en complicidad con el Estado las diversas funciones socio-culturales, vitales y ambientales propias de la agricultura familiar campesina.

Así las cosas, la multifuncionalidad de la agricultura familiar tradicional argentina deberá darse un nuevo rumbo logrando seguridad jurídica, dinámicas productivas innovativas y socioculturales `aggiornadas´ con interrelaciones asociativas propias y distintivas de la agricultura familiar campesina que, modernizada e incentivada respetando sus culturales condiciones de vida, produzcan externalidades de sustentabilidad ambiental y cohesión territorial.

En la Unión Europea las múltiples funciones de la agricultura ya pueden ser apuntadas como políticas alternativas para el desenvolvimiento agrícola y rural de producciones pequeñas o mediano tamaño.

Entre nosotros el tema merece una atención especial, principalmente porque resulta toda una oportunidad para replantear los términos y contextos en que la agricultura familiar se inserta en la problemática del desarrollo rural, un aspecto estratégico principalmente con relación a las regiones más pobres y postergadas pero con marcada presencia de propósitos propios de una economía rural de modo familiar.

Todo esto gana relevancia cuando consideramos especialmente la importancia vital y esencial del debate global sobre seguridad alimentaria cuantitativa y cualitativa para enfrentar, reducir y eliminar la pobreza rural para adquirir así la ciudadanía rural en plenitud como derecho y reconocimiento milenario del sector familiar agrícola-pecuario.

Metodológicamente, de este modo, en lugar de la agricultura estrictamente, la unidad de observación fue la unidad familiar, una unidad que se reproduce en régimen de economía familiar (producción, reproducción y consumo) y que despliega procesos biológicos diversos sobre un pedazo de tierra con diferentes significados sociales y contenidos culturales como, asimismo, con peso económico diferenciado para su reproducción y expansión en los programas públicos en orden a mejorar la convivencia y amistad con el ambiente.

Históricamente y a grandes rasgos, una primera aproximación a la construcción de una noción multifuncional de esta agricultura es, precisamente, legitimar la misma desde y con los múltiples roles que la agricultura pequeña y mediana desempeñó, desempeña y está llamada a desempeñar.

A más de dos años del anuncio de la implementación de la Subsecretaria de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar, esto no ha superado el surco de `otro anuncio´ frustrado, acentuando desencantos.

Además, los actuales cambios socio-económico-tecnológicos exigidos por la sociedad presente en relación con las saberes y haceres campesinos enfrentan a las prácticas rurales familiares con el desafío de la sustentabilidad económica, financiera y socioambiental, desafío que merece el acompañamiento e incentivo público para promover un arraigo rural mas atractivo evitando `o frenando´ simultáneamente más pauperización de las periferias de los grandes centros urbanos poblados.

Lograr la agricultura familiar será simplemente un acto de estricta justicia lo que justifica traer al centro de nuestro análisis la reproducción de la familia campesina, productora de vida humana, animal, biológica con su cultura singular preñada de la fertilidad de esfuerzos campesinos y solidaridades sociales rurales que ya es acreedora privilegiada de las mejores políticas públicas especificas y apropiadas a una argentinidad más telúrica.