Las cenizas del Volcán Peyehue serían tóxicas y mortales para las abejas

El 4 de junio pasado, entró en actividad el volcán Peyehue, en el sector chileno de la Cordillera de Los Andes, a unos 800 km al sur de Santiago.

La consecuencia más importante fue la emisión de residuos sólidos volátiles que se conocen como ‘cenizas volcánicas’, las que llegaron, con mayor o menor intensidad, a miles de kilómetros del epicentro de las emisiones. En lugares como la ciudad de Buenos Aires, Argentina, a unos 1600 km, durante varios días fue necesario interrumpir los vuelos dado que podían llegar a afectar a los aviones pese a que las cantidades presentes en la atmósfera eran casi invisibles.

Todavía en los aeropuertos de ciudades más cercanas (Bariloche a 180km, Viedma a 1000km), los vuelos están suspendidos.

Según un informe del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA-Argentina): “Por definición la ceniza volcánica no es tóxica en su composición. Sin embargo contiene atrapados en forma de microburbujas gases como el Flúor, Azufre y el Cloro, que aún en pequeñas concentraciones, al entrar en contacto con el agua reaccionan formando ácido clorhídrico, sulfhídrico y fluorhídrico. Esta es la razón por lo que hay que preservar las fuentes de agua potable del contacto con las cenizas (Bermúdez, A. y col., 2011. CONICET- UNCOMA).”

En las áreas rurales que recibieron cenizas en cantidades significativas (deposiciones mayores a los 4 cm), las cenizas afectaron al ganado ovino y caprino (principales actividades ganaderas), a causa del taponado de las aguadas, cargando los cuerpos de los animales con peso excesivo y obligándolos a comer pasto mezclado con cenizas, lo que lima la dentadura y consecuentemente reduce la vida productiva de los mismos en el mediano plazo. En forma inmediata también les ocasiona inconvenientes oculares y respiratorios. No se encontró toxicidad directa que afectara a estos animales.

Sin embargo en los últimos días aparecieron problemas donde no se esperaban: en la apicultura y en la fruticultura. En las zonas frutícolas del Alto Valle y del Valle Medio del Río Negro (550/800 km del volcán, en el norte de la Patagonia argentina) se mueren las abejas. Cuatro meses después de la llegada de las primeras cenizas, las poblaciones de las colmenas están desapareciendo.

La situación para los productores es dramática y no cuentan con muchas herramientas para recuperar sus apiarios, ya que todavía el volcán está en actividad. Cualquier repoblación de abejas seguramente tendrá el mismo destino.

Y de inmediato, la producción frutícola será la siguiente actividad más afectada, ya que se requieren insectos polenizadores para lograr una mejor calidad y mayor cantidad de fruta, la cual es la vida productiva de estos valles.

Más información en este artículo del diario Río Negro: La apicultura también sufre el efecto de la ceniza

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